La palabra es suficiente

  Hay momentos en los que el alma se siente cansada. Cansada de pensar demasiado, de buscar respuestas, de intentar entenderlo todo. Momentos en los que, aun teniendo muchas opciones, no sabemos realmente hacia dónde ir.

 Y es ahí donde la palabra de Dios se presenta... no como una carga, sino como descanso.

El salmista describe la palabra con una belleza que no deja lugar a dudas: es perfecta, confiable, recta, clara, pura y suficiente. No habla de ella como algo pesado, sino como algo que revive el alma, que ilumina el camino, que alegra el corazón. 

  La palabra no complica la vida... la ordena.

No confunde... aclara.

No oprime... da vida.

 Y aun así, mucha veces buscamos en otros lugares lo que solo Dios nos ha dado.

  Buscamos dirección en nuestras emociones, seguridad en la aprobación de los demás, sentido en lo que cambia constantemente. Pero todo eso, tarde o temprano, se mueve, se desgasta... se mueve insuficiente.

  La palabra, en cambio, es suficiente y permanece.

 " La ley del Señor es perfecta: reanima el alma. El testimonio del Señor es firme: da sabiduría al ingenuo. Los preceptos del Señor son rectos: alegran el corazón. El mandamiento del Señor es puro: da luz a los ojos. El temor del Señor es bueno: permanece para siempre. Los decretos del Señor son verdaderos, y son todos ellos justos." (Salmo 19:7-9).

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