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Mostrando las entradas de septiembre, 2025

Convierte a Dios en protagonista

   En días anteriores hablamos sobre lo peligroso que resulta basar nuestra identidad en las opiniones y palabras de los demás. Si permitimos que nuestro valor esté determinado por lo que la gente piensa de nosotros será imposible vivir y tener una correcta y saludable identidad. En cambio, si creemos con todo nuestro corazón en la identidad que Dios nos da, viviremos como sus hijos amados y elegidos, seguros de quiénes somos y libres para ser y hacer su voluntad.   Vivir de acuerdo a lo que Dios dice de nosotros no siempre es una tarea fácil. Tal vez te preguntarás: ¿cómo podemos aprender a dar prioridad a su voz sin importar las opiniones de los demás? ¿Cómo basar nuestra identidad en Dios sin importar nada más?  Hay una forma de hacerlo que nunca falla, tenemos que anclar nuestra vida en la palabra de Dios. Sin una base sólida, seremos arrastrados fácilmente por todo aquello que insiste en alejarnos en lo que Dios dice que somos.  El pasaje de hoy habla preci...

Quien mejor te conoce, mejor te quiere

  A lo largo de este mes hemos analizado una de las preguntas más importantes de la vida: ¿Quién soy?  Durante las tres últimas semanas estudiamos algunas de las respuestas que ofrece la Biblia a esta pregunta. Por otro lado, expusimos algunas de las mentiras que podemos llegar a creer sobre nosotros mismos.   Continuaremos esclareciendo algunas de las mentiras que atentan contra nuestra identidad. Hoy nos enfocaremos en : "Soy lo que los demás dicen o piensan de mí."  La opinión de las personas puede ser un factor determinante en la construcción de nuestra identidad. Es muy fácil creer en lo que otros dicen o piensan de nosotros. Sin embargo, la realidad es que basar nuestra identidad en las opiniones de los demás nos dejará en un terreno inestable.  Cuando nuestra popularidad crece, sentimos que nuestra autoestima y sensación de valor aumentan, pero cuando alguien nos desprecia, nos critica o es poco amable con nosotros, el valor que nos damos puede resqu...

La obra de Dios

  El tiempo que pasamos en la presencia de Dios siempre es muy valioso. Él está aquí, y está contento de que hayas elegido pasar este momento con él.  A lo largo de estas semanas hemos estudiado la identidad que Dios nos ha dado. A veces pensamos que somos lo que hacemos ya que el mundo nos dice que somos valiosos e importantes debido a los ascensos y el éxito profesional, la Biblia dice algo diferente.  La palabra de Dios nos dice que nuestro valor no depende de lo que hagamos sino de nuestra posición como hijos de Dios. Si realmente podemos basar nuestra identidad en Cristo, evitamos gran parte del estrés y la ansiedad que se deriva de nuestra vida laboral. Como dice el pastor Tim Keller: "Si nuestra identidad proviene de nuestro trabajo, en lugar de Cristo, el éxito se nos subirá a la cabeza y el fracaso se nos quedará en el corazón."    Nuestra identidad en Cristo no proviene de lo que hacemos, sino de lo que Dios ha hecho por nosotros. La victoria de Jesús ...

Nadie puede servir a dos señores

     Las últimas semanas exploramos la verdadera identidad que tenemos en Dios y hoy expondremos una de las mentiras que hemos creído sobre nosotros mismos: "Soy lo que tengo."   Esta mentira surge de la idea de que, acumular más cosas nos brinda mayor seguridad. Es decir, nuestras posesiones se convierten en símbolos de estatus, mostrando a otros la imagen que queremos proyectar. El dinero, la ropa o los autos no son un problema en sí mismos, pero cuando pasan de ser algo que apreciamos o disfrutamos a ser algo que nos define, simplemente caemos en la trampa de las posesiones.   En lugar de que nuestras posesiones nos sirvan y nos bendigan, resulta que han convertido en nuestro amo. Son la fuerza que nos impulsa y controla nuestras acciones y decisiones.  Podemos pasarnos la vida intentando compulsivamente acumular más, más y más cosas con la esperanza de que nos hagan sentir apreciados, seguros o valiosos. Sin embargo, mientras más persigamos las posesion...

5 mentiras que solemos creer sobre nuestra identidad

  ¡Felicitaciones por empezar este devocional! Estoy muy contento de que estés aquí. Recuerda que sin importar las circunstancias por las que estés atravesando, dedicar un tiempo para buscar la presencia de Dios nunca es un tiempo perdido, al contrario, es algo muy beneficioso para tu bienestar.   A lo largo de estas semanas, hemos explorado una de las preguntas más importantes de la vida: ¿Quién soy?   Esta interrogante nos ha acompañado en el transcurso de nuestra existencia como música de fondo. Nos sigue a todas partes y a menudo nos encontramos frustrados al tratar de resolverla por nuestra cuenta.   En las últimas dos semanas, hemos analizado algunas respuestas que la Biblia nos da a esta pregunta. Sin embargo, todos sabemos lo difícil que puede ser aplicar esas verdades en nuestra vida diaria.   A veces parece que la Biblia nos susurra quiénes somos, ¡pero el mundo nos grita todo lo contrario!   Por ello, esta semana seremos muy prácticos y expondrem...

El Dios que ve

   Es reconfortante saber que empezamos una nueva semana, nuevos planes, nuevos desafíos, pero de la mano de Dios. Estoy muy expectante de lo que Dios hará en ti y a través de ti durante estos próximos siete días. No sé tú, pero yo en muchas ocasiones me he sentido rechazado (a), menospreciado (a), ignorado (a) e incluso excluido (a). Sin embargo, he llegado a comprender que no soy el/la único(a) en sentirme así, y que definitivamente no estoy solo (a) en esto.  En el pasaje de hoy , Agar probablemente sintió estos mismos sentimientos dolorosos. Abrumada por la confusión y la desesperación, su identidad estaba en crisis.   Agar, que había sido arrancada de su vida egipcia y esclavizada, siguió fielmente a Abram y a su esposa Saray por el desierto durante años. Cuando Saray fue incapaz de dar a luz, la ofreció a Abram en su lugar, y la dejó embarazada de su primogénito.   Sin embargo, en vez de ser celebrada por gestar al hijo de Abram, Agar fue rechazada por ell...

Eternamente suyos

   El pasaje de hoy es hermoso para meditar mientras la semana llega a su fin. Es tan solo un versículo pero es asombrosamente sencillo y bastante profundo. Permíteme leerlo nuevamente: "Reconozcan que el SEÑOR es Dios; él nos hizo, y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado."   Esta es una articulación maravillosa de cómo podemos entender la identidad que Dios nos ha dado. En un contexto que suele confundirnos, este versículo es nuestra hoja de ruta en el laberinto.   Cabe resaltar que este versículo tiene una suave pero lógica secuencia del texto: Reconoce que el SEÑOR es Dios. Él te hizo y tú eres suyo.  Permíteme explicarte más:   Primero, "Reconozcan que el SEÑOR es Dios." Este es un profundo conocimiento de que Dios es Dios, de que él es soberano y está por encima de todo. Esta es una de las convicciones más transformadoras de la vida. Cuando recordamos que es Dios quien lleva las riendas de nuestra vida y no nosotros, nuestro corazón se llena...

De huérfanos a adoptados

   Hoy reflexionaremos sobre lo que significa ser adoptados en la familia de Dios. El exjugador de la NFL Tim Tebow dijo una vez: " Cuando tu identidad se encuentra en Cristo, tu identidad nunca cambia. Siempre eres hijo de Dios." Tebow comprendió la verdad que marca la diferencia.   Saber que perteneces a la familia de Dios es un distintivo de identidad más sólido que puedes tener en este planeta. Es mejor que cualquier cosa que este mundo puede ofrecer, y es una realidad para ti, hoy. Eres un hijo amado y elegido de Dios: esto significa que estás completamente a salvo en él.   Nuestro Padre celestial nos ama tanto que, sin necesidad de alguna presión, me amó y lo dio todo por mí. Aquel día, él cambió mi nombre y hoy sé que pertenezco a la familia celestial de Cristo Jesús.   La adopción es una imagen poderosa y emotiva, y se utiliza repetidamente a lo largo de la Biblia como un aspecto profundo y personal. Es un acto deliberado. Gracias al sacrificio de Jesús ...

Hecho a su imagen y semejanza

  En 1979, se desenterró una estatua de dos metros de altura de un hombre barbudo en el yacimiento de Tell Fakhariyeh, en Siria. La estatua, con una larga vestimenta envuelta, tenía las manos fuertemente unidas a la cintura. Era sin duda un miembro de la realeza. La estatua era del siglo IX a.C. y representaba a un rey, un miembro de la clase dirigente asiria.   Pero, hay un giro fascinante en este descubrimiento, la estatua tenía una inscripción bilingue. En dicha inscripción en arameo destacan dos palabras. La estatua se describe a sí misma como "imagen" y "semejanza" del gobernante original, las mismas palabras utilizadas en el pasaje de hoy para describir nuestra relación con Dios.   La estatua fue- según sus propias palabras- hecha a imagen del rey. Fue tallada a propósito para representar y reflejar al soberano real que la encargó, una extensión tangible de su gobierno y dominio.   Es un fragmento apasionante del contexto antiguo.   Esta estatua puede ayud...

Encontrar tu auténtico yo

 ¿Te has fijado que las redes sociales están llenas de consejos de autoayuda? Estos van desde cómo encontrarse a uno mismo, el autodescubrimiento y sus beneficios, hasta la autorrealización y su impacto en la salud emocional. Como ves los títulos son muy variados y por supuesto los consejos prácticos están a la orden del día, nos dicen que debemos meditar, hablar con tu niño interior, escribir un diario, hacer tesis de personalidad, subir una montaña, abrazar un árbol, en fin, la lista es infinita...   Me imagino que al igual que yo, ya probaste todos o por lo menos alguno de estos consejos, pero sea cual sea tu opinión sobre el autodescubrimiento, hay algo inevitable en nuestra humanidad que nos obsesiona por descubrir, y es quiénes somos realmente.   Incluso si seguimos a Jesús, es vital entender nuestra verdadera identidad en él. Si no lo hacemos, podríamos terminar creyendo lo que otros dicen sobre nosotros en lugar de creer en la verdad que Dios nos revela. ...

Quién eres y de quién eres

   Vivir en la identidad que Dios nos ha dado es realmente un viaje en una montaña de viaje espiritual. ¿Estás listo para esta jornada? Abróchate el cinturón porque nos aproximamos a una de las interrogantes más profundas de nuestra existencia: ¿Quién soy yo?  Posiblemente no sea la primera vez que te preguntes ¿quién soy? De hecho, es una búsqueda común, es ese deseo intrínseco de descubrir nuestra verdadera esencia.   Saber quiénes somos es un reto complejo. Nuestra mente alberga un sinfín de pensamientos que varían ampliamente. Cuando buscamos respuestas a nuestra identidad y al descubrirnos, encontramos un mosaico de palabras: duras en momentos, amables en otros, y a menudo teñidas en incertidumbre. Esta mezcla de sensaciones suele sorprendernos.  Por tanto, descubrir quiénes somos no es una tarea fácil. Es como armar un rompecabezas con piezas que están en todas partes como en nuestras experiencias, valores y creencias. Incluso quienes se conocen bien podrí...

Dar con alegría

    La generosidad, cuando es forzada, deja de ser generosidad. Se vuelve un impuesto religioso. Un acto hueco que pesa más de lo que transforma. Y eso no es lo que Dios desea.  ¿Alguna vez has recibido un regalo que parecía más una obligación que una expresión de amor? Algo en ti lo intuye: el gesto está, pero el corazón no. Lo mismo ocurre cuando damos a Dios o a otros sin gozo. El acto está... pero el alma está ausente. Y Dios, que mira el corazón, no se complace en la apariencia del dar, sino en su alegría.   Pablo lo dice con claridad en 2 Corintios 9: " Repartió sus bienes entre los pobres; su justicia permanece para siempre." Dar con alegría no es dar sin sacrificio, es dar con libertad. Es sembrar con esperanza. Es confiar más en el Proveedor que en la provisión.   Pablo no está promoviendo una teología de riqueza fácil. Está revelando una ley del reino: quien siembra en fe, cosecha en gracia. Quien suelta por obediencia, recoge en bendición. N...

Haz del perdón tu arma

    C.S. Lewis escribió una vez: "Todos piensan que el perdón es una idea encantadora... hasta que tienen algo que perdonar." Nada revela tanto la tensión entre el cielo y la tierra como esa frase. Perdonar suena hermoso... hasta que se vuelve personal. Hasta que el daño tiene nombre y rostro.    La idea del perdón nos inspira: cargas aligeradas, relaciones restauradas, almas en paz. Pero cuando toca nuestra herida, cuando la traición aún sangra o la decepción todavía arde, perdonar parece injusto; es como soltar a quién nos hirió sin consecuencias. Como si estuviéramos diciendo: "Lo que hiciste no fue grave." Pero no es así.  Jesús no nos llama a minimizar el dolor. Nos llama a entregarlo al único que puede sanarlo. Pedro, en Mateo 18, cree estar siendo generoso al preguntar si debe perdonar hasta siete veces. Pero Jesús va más allá: " No hasta siete, sino hasta setenta y siete veces." Es decir: no lleves la cuenta. Haz del perdón tu forma de vivir.  Esto...

Menos pantalla, más presencia divina

  En un artículo reciente, la autora cristiana Kathryn Misenheimer reflexiona sobre el cambio rotundo que tuvo en su vida al reducir intencionalmente el uso de su smartphone. Su testimonio resuena con lo muchos intuimos en lo profundo del alma: algo dentro de nosotros muere lentamente bajo el brillo constante de una pantalla. Y sin embargo, nos cuesta soltarla. ¿Por qué? Vivimos en una era donde los dispositivos se han convertido en ídolos silenciosos. Fragmentan nuestra atención, alimentan nuestras ansiedades, ahogan el sosiego, y entorpecen nuestra comunión con Dios. Queremos oír la voz del Creador... pero nos hemos vuelto esclavos del ruido creado por el hombre.  No basta con desear el cambio. Hoy es el día para tomar una decisión radical: ¡esto se detiene ahora! Si anhelamos salud espiritual y mental necesitamos, urgentemente, desconectarnos del mundo para volver a conectar con lo divino.    Jesús no tuvo que lidiar con smartphones, pero vivía rodeado de multitud...

La gloria secreta de los invisibles

  Vivimos en un mundo sediento de atención. Publicamos, compartimos, exhibimos. Pareciera que si nadie lo ve, no vale. Pero Dios, que no se deja impresionar por las luces, se complace en lo oculto. Él sabe que los frutos eternos nacen en lo invisible. Algunas de las vidas más fieles y transformadoras de la historia no fueron famosas, fueron fieles.   El hermano Lorenzo, un monje del siglo XVII, nunca predicó ni publicó un libro. Su ministerio consistía en remendar sandalias y lavar platos en un monasterio en París. Pero su intimidad con Dios, vivida en lo ordinario, quedó plasmada en un librito que ha edificado generaciones: "La práctica de la presencia de Dios." Él nunca buscó brillar; sólo busco obedecer.  Podríamos seguir con la lista, pero el patrón es claro: Dios usa a los que no buscan ser vistos para mostrar su gloria. Es en el lugar secreto donde muere el ego y vive el amor, donde florece el reino. Jesús lo dijo así: "Cuídense de no hacer sus buenas obras delante...

Cuando el corazón quiere ser Dios

     El corazón humano, por hermoso que parezca en la superficie, realmente es una bestia salvaje cuando se le deja gobernar. Tiene el poder de disfrazar al egoísmo de autenticidad, a la rebeldía de libertad, y a la necedad de valentía. Por eso, cuando nuestra cultura nos dice: "Sigue a tu corazón", no está regalándonos sabiduría, sino envolviéndonos en una trampa con papel brillante.   Detrás de frases conocidas como la de Steve Jobs: "Ten el coraje de seguir a tu corazón y tu intuición", se esconde una mentira muy antigua: que dentro de ti está la verdad, y que nadie debe corregirte, ni siquiera Dios. Pero esa no es la voz del evangelio. Esa es la voz del Edén, la que susurró a Eva que ella podía decidir por sí misma lo que era bueno y malo.   Hoy, ese susurro sigue repitiéndose. Nos invita a convertirnos en nuestro propio dios, a tomar el timón de la vida con la promesa de que así encontraremos sentido. Pero el resultado es el mismo de siempre: confusión, org...