Doce hombres improbables
Antes de elegir a los doce discípulos, Jesús pasó toda la noche en oración. No fue un gesto simbólico ni un detalle menor. Fue una vigilia larga, silenciosa, delante del Padre. La misión que estaba por comenzar no se decidiría por intuición ni por coneveniencia humana. El futuro de su obra sería confiado a doce vidas concretas, frágiles y profundamente imperfectas. Cuando por fin amaneció, Jesús llamó a hombres muy distintos entre sí. Algunos eran pescadores rudos, acostumbrados al trabajo duro y a palabras ásperas. Uno había servido al sistema opresor cobrando impuestos. Otro pertenecía a un movimiento radical contra Roma. Había impulsivos, callados, idealistas, contradictorios. Ninguno parecía una elección obvia. Y, sin embargo, fueron ellos los escogidos. Jesús no eligió a los hombres más preparados, sino a los más disponibles. No buscó currículos espirituales, sino corazones dispuestos a caminar con él. La diversidad del gru...