¿Tu corazón es tierra fértil?
La palabra de Dios tiene el poder de transformar profundamente una vida. Ella consuela, confronta, corrige, exhorta y fortalece el corazón. A través de ella, el Espíritu Santo obra en nosotros y produce vida espiritual. Pero Jesús deja claro en esta parábola que no basta con escuchar la palabra; también importa la manera en que el corazón la recibe. Por eso habló del sembrador. La semilla siempre era buena. El problema nunca estuvo en la semilla, sino en el terreno en el que caía. Parte cayó junto al camino. Era una tierra endurecida en la que semilla no podía penetrar. Representa el corazón que escucha, pero permanece cerrado. La palabra llega al oído, pero nunca desciende al interior. Otra parte cayó entre piedras. Allí brotó rápidamente, pero no tenía profundidad. Cuando llegaron el calor y las dificultades, la planta se secó. Jesús muestra cómo algunas personas reciben la palabra de Dios con entusiasmo momentáneo, pero sin raíces profundas que las sos...