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Del foso al trono

  ¿Hay alguna parte de tu vida que hoy sientas muerta y enterrada?  Quédate un momento con esa pregunta. No intentes responderla de inmediato. Solo permite que Dios traiga a tu mente aquello que parece perdido, detenido o imposible.  Entre el pasaje de ayer y hoy transcurren dos años. Dos años en los que José permaneció en prisión sin ninguna señal de que las cosas fueran a cambiar. Día tras día, todo parecía igual. Es fácil imaginar que, con el paso del tiempo, la esperanza de José comenzó a apagarse. ¡Pero Dios nunca había dejado de obrar!  Cuando llegó el momento señalado, todo cambió. En un solo día, José salió de la prisión, estuvo delante del faraón e, inesperadamente, fue puesto al frente de todo Egipto. Lo que parecía una historia concluida se convirtió en el comienzo de una nueva etapa. Dios hizo en un instante lo que nadie había imaginado posible.  La historia de José vuelve a dirigir nuestra mirada hacia Jesús. Después de la cruz, todo parecía perdido...

Contado entre los culpables

  Hay momentos en los que Dios parece guardar silencio.  Eso debió sentir José mientras permanecía en prisión por un delito que nunca cometió. El hijo amado, vendido por sus hermanos y acusado injustamente, ahora compartía su celda con dos hombres condenados. Humanamente hablando, todo parecía indicar que su historia había llegado a un callejón sin salida.   Pero Dios seguía escribiendo la historia.  Años más tarde, otro inocente sería contado entre los culpables. Jesús también fue condenado sin haber cometido pecado y llevado a la cruz entre dos criminales. Como José, ocupó el lugar reservado a los culpables, aunque él era completamente justo.   Sin embargo, hay un detalle que conmueve profundamente. Mientras ambos hombres colgaban a su lado, uno rechazó a Jesús, pero el otro reconoció quién era y le dijo:   " Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino."  Y Jesús le respondió:  " Hoy estarás conmigo en el paraíso."    " Ellos le dij...

Acusado injustamente

   Hay momentos en los que hacer lo correcto parece no servir de nada.  Eso fue exactamente lo que vivió José. Después de haber sido traicionado por sus hermanos y vendido como esclavo, comenzó a ganarse la confianza de Potifar. Todo parecía indicar que, por fin, las cosas empezaban a mejorar. Pero de un momento a otro, una acusación falsa volvió a cambiar el rumbo de la historia.  José pudo haber cedido a la tentación y tomar el camino más fácil. Sin embargo, eligió honrar a Dios, aun sabiendo que hacerlo podía costarle muy caro. Su integridad valía más que cualquier comodidad o beneficio momentáneo.  La verdadera integridad no se demuestra cuando todos nos observan, sino cuando nadie más está mirando. Consiste en ser la misma persona en privado que somos en público. José vivió esa clase de integridad.  Quizá tú también has experimentado algo parecido. Tal vez intentaste hacer lo correcto y, aun así, fuiste malinterpretado, criticado o tratado injustamente...

Traicionado y vendido

    ¿Alguna ve alguien en quien confiabas te ha herido profundamente?  Quizá fue un amigo que te dio la espalda, una persona que rompió una promesa o alguien de tu propia familia que te decepcionó cuando más necesitabas su apoyo. Las heridas causadas por quienes amamos suelen ser las que más tardan en sanar.   José conoció ese dolor. Sus propios hermanos, quienes debían cuidarlo, decidieron deshacerse de él. Primero pensaron en quitarle la vida, luego lo arrojaron a una cisterna y, finalmente, lo vendieron como si su vida no tuviera ningún valor, Imagina por un momento lo que José debió sentir. Las mismas personas que debían protegerlo fueron quienes lo traicionaron.   Tal vez tú también cargas con una herida que aún no termina de cicatrizar. Si es así, no intentes esconderla de Dios. Él conoce tu dolor y no es indiferente a tus lágrimas.   Pero la historia de José no termina con la traición.  Aunque sus hermanos lo abandonaron, Dios nunca dejó de esta...

El hijo amado

  Hay historias de la Biblia que nunca terminan donde creemos que terminan. La de José es una de ellas. A primera vista, parece el relato de un hijo amado que fue traicionado por sus hermanos. Pero cuando la leemos a la luz del evangelio, descubrimos que Dios estaba contando una historia mucho más grande. Mucho antes del nacimiento de Jesús, ya estaba preparando el camino para revelar a su Hijo.  A medida que avancemos, veremos como el hijo amado, rechazado por sus hermanos y usado por Dios para traer salvación, va revelando una verdad mucho más profunda: desde el principio, Dios ha estado escribiendo una sola historia, la historia de nuestra redención.  El relato comienza  con un padre que ama profundamente a su hijo. Génesis nos dice que Jacob amaba a José más que a sus demás hijos. Pero ese amor despertó la envidia y el rechazo de sus hermanos. Lo que parecía el inicio de una tragedia era, en realidad, el comienzo de un plan que Dios ya estaba obrando.  Siglo...

Jehová Tsidkenu, el Señor es nuestra justicia

    Es evidente que la injusticia y la impunidad se han extendido por doquier, afectando desde los ámbitos políticos hasta el día a día de las personas. El mal parece haberse alojado en nuestra sociedad, dejándonos con la sensación de que poco o nada cambiará. Esta realidad no solo afecta nuestra percepción de justicia sino que también incremente nuestra sensación de vulnerabilidad, ya sea al transitar por las calles, en el tráfico, o incluso dentro de nuestros hogares.    Lamentablemente, este caos no escapa de los entornos religiosos, aquellos que deberían ser pilares de fidelidad, justicia y amor divino, a menudo también se ven involucrados en escándalos que van desde la tergiversación de doctrinas hasta faltas morales graves. Esta situación nos lleva a cuestionarnos si aun en estos escenarios prevalecerá la corrupción y la inmoralidad.   ¿Acaso Dios no está vigilando?  En el tiempo de los reyes, la idolatría se destacó como el pecado que más daño causó ...

Jehová Nissi, el Señor es mi estandarte

  Aunque las batallas que hoy enfrentamos no son como las de los tiempos bíblicos, contra naciones y ejércitos hostiles, la realidad es que todos los días enfrentamos conflictos. La Escritura nos revela que "nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales." Es decir, nos encontramos frente a un campo de batalla constante, una guerra espiritual que, a menudo, tiene repercusiones tangibles en nuestra vida cotidiana.   El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento se vio envuelto en diversos conflictos armados, luchando contra pequeñas naciones y grandes imperios. Sin embargo, un rasgo común de todas esas batallas es que Dios permanecía siempre junto a su pueblo.  La Biblia relata momentos en que las probabilidades de victoria para el pueblo de Dios parecían nulas, pero en esas circunstancias, pero la intervención divina se m...