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Actúa ante las oportunidades

    El pasaje de hoy se desarrolla en una época en la que el pueblo de Israel vivía bajo el yugo de Sísara, un temido comandante del ejército cananeo. Tras una derrota, el tuvo que huir buscando refugio. Es en este punto donde interviene la protagonista de nuestra historia: Jael.     La Escritura no ofrece muchos detalles sobre su vida, solo nos dice que era la esposa de Heber, un hombre que vivía en paz con todos. Sin embargo, a pesar de no ser una guerrera, Dios había preparado un plan para ella.   Años atrás, Débora quien guiaba y gobernaba a Israel, profetizó que su pueblo sería liberado de la opresión gracias a una valiente mujer. ¿Sabes de quién se trataba?     Exactamente, era Jael.  Regresemos una vez más al pasaje hoy. Como aprendimos anteriormente, Sísara, después de huir de una fuerte batalla, llegó a la tienda de Jael quien la acogió con amabilidad, ofreciéndole refugio y un lugar para descansar. Sorprendentemente, este simple act...

La actitud que marca la diferencia

    La hospitalidad es una forma de agradecimiento y Marta y María nos dan un ejemplo de esta hermosa virtud al recibir a Jesús en su casa. Por un lado, María interrumpe todas sus actividades para concentrarse en él, y por otro, Marta se esfuerza por realizar con excelencia las tareas de su casa para que el Señor se sienta cómodo.    Aunque en varias ocasiones nos hemos detenido a hablar de María y su adoración constante, hoy nos enfocaremos en Marta.     Marta es una mujer dedicada al servicio, y cada una de sus acciones las rinde al Maestro. Sin embargo, aunque sus intenciones son buenas, ella está más enfocada en sus labores que en Jesús.    ¡Qué ironía!, ¿verdad? Marta está tan ocupada preparando una comida para el Señor que esto le impide disfrutar de su presencia. En lugar de sentirse alegre, el pasaje de hoy nos dice que ella se sentía abrumada, inquieta y preocupada.    Sería fácil juzgarla y pensar que nosotros, a diferencia de ...

El arrepentimiento de Judá

     Un día llevaron a una mujer ante Jesús, acusada de adulterio. La ley exigía apedrearla. La multitud ya tenía el brazo tenso y listo para atacar. Pero Cristo, con una sola frase, desarmó a los acusadores: "El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra." Y uno a uno se fueron. La gracia tiene un peso que hace que caiga el orgullo.    Esa escena nos recuerda que todos fallamos. La pregunta no es sí pecamos, sino qué hacemos cuando pecamos. Aquí entra Judá, hijo de Jacob, con una historia que huele a culpa.... y a transformación.   Impulsado por la envidia, Judá participó en la venta de su hermano José. Para encubrirlo, engañaron al padre y le sembraron un dolor que duró años. Lo que parecía "resolver" un problema abrió una herida profunda. Judá cargó el peso, se distanció y aprendió que el pecado siempre promete alivio y entrega cadenas.     Mientras tanto, Dios seguía obrando. José fue llevado a Egipto y, por gracia del Señor, se conv...

El ánimo de Bernabé

   Las grandes obras rara vez comienzan con ruido. Muchas nacen del ánimo silencioso de alguien que creyó antes de que otros se atrevieran a hacerlo. Hay historias que el mundo celebra, pero que nunca habrían existido sin una presencia fiel que sostuvo la esperanza cuando todo parecía frágil.    Bernabé encarna esa verdad. Su nombre significa "hijo de consolación" y no fue un título simbólico, sino una vida entregada. En los primeros días de la iglesia él mostró una fe concreta y generosa: vendió un campo y entregó el dinero para sostener a los hermanos. Su espiritualidad tenía manos abiertas.     Pero su legado más profundo no fue lo que dio, sino a quien sostuvo. Cuando Saulo se convirtió, la iglesia lo miró con temor. Su pasado era demasiado oscuro. Fue Bernabé quien se acercó, escuchó su historia y discernió la obra de Dios. Al presentarlo a los apóstoles, abrió una puerta por la que más tarde entrarían misiones, cartas y consuelo para generaciones. Ber...

Giezi y la inquietud de la codicia

     Una de las áreas en las que más necesitamos crecer no es solo en disciplina ni en conocimiento, sino también en contentamiento. Bíblicamente, el contentamiento no es una resignación pasiva; es una confianza activa. Es apoyar el peso del alma en la certeza de que Dios gobierna todas las cosas, y conocerlo a él es el mayor tesoro que podemos poseer.    Cuando falta contentamiento, el corazón no permanece en silencio. Se llena de inquietud, inseguridad y una sutil sospecha: " ¿De verdad Dios está siendo bueno conmigo?" Y de esa grieta brotan la avaricia y la envidia. El contentamiento, en cambio, nace de un corazón que todavía sabe maravillarse, porque, en el fondo, es hijo de la gratitud.   La Escritura no solo nos da ejemplos a seguir; también nos deja advertencias para temblar. La vida de Guiezi es una de ellas. Como siervo de Eliseo, vio la sanidad milagrosa de Naamán. Vio la gracia en acción. Y vio también algo precioso: Eliseo rechazó cualquier reco...

La fidelidad de Jonatán

     Vivimos en días de vínculos frágiles. Las promesas se hacen livianas, los compromisos se negocian y el amor se mide por conveniencia. Nuestra época sabe hablar de conexión, pero le cuesta mantener la lealtad.    La Escritura, en cambio, nos ofrece otro camino. Después de la victoria de David sobre Goliat, fue llevado a la casa del rey Saúl. Allí nació una amistad profunda entre David y Jonatán. En un mundo de poder, herencias y tronos, Jonatán vio algo que pocos ven: la mano de Dios sobre otro hombre. Y donde la carne habría sembrado celos, él sembró fidelidad.      Jonatán era el heredero natural. Podía aferrarse al futuro como quien aprieta una corona invisible. Pero él se alegro de la voluntad del Señor. Puso la fidelidad por encima de la ambición y el amor por encima del interés propio. No fue una amistad útil; fue una amistad cimentada en el compromiso. Más de una vez arriesgó su vida por David, aun a costa de la furia de su propio padre...

La fe de Rajab

   Esta semana analizaremos la vida de siete personajes bíblicos, que han permanecido "tras bambalinas", sin embargo su impacto ha sido significativo. No pasan desapercibidos en la historia de Dios por falta de importancia, sino porque caminan junto a grandes acontecimientos en lugar de ocupar el centro del escenario. Y precisamente por eso, tienen mucho que enseñarnos sobre la vida cristiana común, aquella que se vive lejos del aplauso.    Comencemos reflexionando sobre la fe.   A diferencia de los dioses de la mitología, el Señor no exige favores ni sacrificios para satisfacer una necesidad propia. La Biblia nos presenta a Dios como un padre bueno, amoroso y cercano. Él es completo y Todopoderoso, no necesita nada de nosotros, excepto una fe sincera. Por ello, el libro de Hebreos nos recuerda que, sin fe es imposible agradarle, porque quien se acerca a Dios debe creer que él existe y confiar en que recompensará a quienes lo buscan con un corazón dispuesto. Est...