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Integridad en cualquier circunstancia

   Vivimos en un mundo donde, muchas veces, hacer lo incorrecto parece ser el camino más fácil. Una pequeña mentira, una promesa que no cumplimos o una decisión poco honesta pueden justificarse con frases como: "No es para tanto" o "todo el mundo lo hace." Pero la integridad se pone a prueba precisamente en estos momentos.  En el pasaje de hoy, los fariseos intentaron atrapar a Jesús con una pregunta cuidadosamente preparada. Querían saber si era correcto pagar impuestos al césar. Si Jesús decía que sí, podía perder el apoyo del pueblo. Si decía que no, podían acusarlo ante las autoridades romanas.  Obviamente, los fariseos no buscaban la verdad; buscaban una manera de hacerlo caer. Pero Jesús no permitió que la presión decidiera por él.   "Den al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios" , respondió.  Su respuesta reveló una sabiduría extraordinaria, pero también algo mucho más profundo acerca de su corazón: Jesús estaba completamente comprome...

El valor de mantenerse firme

   Hacer lo correcto no siempre es lo más fácil. Hay momentos en los que guardar silencio parece más seguro, ceder resulta más cómodo y adaptarnos a lo que todos esperan puede evitarnos problemas. Es precisamente allí donde descubrimos cuánto pesan realmente nuestras convicciones.   Jesús conoció esa tensión.   Cuando entró en el templo, encontró un lugar destinado a la adoración convertido en un espacio en el que el comercio y los intereses humanos habían desplazado su verdadero propósito. La casa que debía ser "casa de oración para todas las naciones" había sido convertida en "cueva de ladrones."    Jesús no miró hacia otro lado y expulsó a quienes compraban y vendían, volcó las mesas de los cambistas y confrontó abiertamente lo que estaba sucediendo.  Pero hay algo importante que debemos comprender: Jesús no actuó movido por un enojo descontrolado ni por la necesidad de imponerse. Su firmeza se originaba en su amor por el Padre y en su compromi...

El Dios que se arrodilló

     Hay una imagen en el pasaje de hoy que debería detenernos: el Dios que sostiene todas las cosas se arrodilló para lavar los pies cubiertos de polvo.  Juan, en el pasaje de hoy, nos cuenta que Jesús sabía que su hora había llegado. Sabía que el Padre había puesto todas las cosas bajo su autoridad, sabía de dónde venía y también sabía adónde regresaría.  Y justo después de recordarnos quién es Jesús, Juan nos muestra lo que hizo: se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se arrodilló.  En aquella época, lavar los pies era una de las tareas más humildes de la casa. Ninguno de los discípulos había querido ocupar ese lugar. Ellos conocían bien las discusiones sobre quien sería el mayor. Mientras pensaban en posiciones de honor, Jesús escogió el lugar del siervo.  El contraste es asombroso. El único que tenía razones para reclamar el lugar más alto eligió descender; y lo hizo sabiendo perfectamente quién era.  La humildad de Jesús...

Cuando Jesús ve tu dolor

   Hay momentos en los que no necesitamos que alguien tenga todas las respuestas; necesitamos saber que alguien realmente ve lo que estamos viviendo. Porque una de las cosas más difíciles del dolor es sentir que tenemos que llevarlo por nuestra cuenta. Podemos estar rodeados de personas y aun así, preguntarnos si alguien alcanza a comprender el peso que llevamos por dentro.  El pasaje de hoy nos muestra algo precioso acerca del corazón de Jesús: Él presta atención.  Los discípulos acababan de regresar de una intensa jornada. Habían enseñado, servido y atendido a tantas personas que ni siquiera habían tenido tiempo de comer. Jesús pudo haber visto solamente todo lo que habían logrado. Pero también vio cuánto les había costado. "Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco," les dijo. Hay mucha ternura en esas palabras. Jesús conocía la misión que les había encomendado, pero también sus límites. Su cansancio no era algo que debieran ocultar. Pa...

Cuando la gracia tiene la última palabra

   Hay momentos de nuestra historia que preferiríamos haber vivido de otra manera. Todos conocemos el peso de haber fallado. A veces no es solo lo que hicimos, sino lo que quedó después: una conciencia inquieta, una relación herida o la sensación de haber cruzado un límite que no sabemos cómo deshacer.  Y cuando el pecado deja consecuencias, puede surgir una pregunta díficil: ¿qué hace Dios con nosotros cuando ya no podemos cambiar lo que pasó?  El pasaje de hoy nos lleva justamente a ese lugar.  Una mujer es llevada delante de Jesús tras ser sorprendida en adulterio. Su pecado es expuesto públicamente y sus acusadores esperan una sentencia. Pero Jesús dirige la mirada hacia ellos y le dice: " Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra."   Y las piedras nunca llegan. Uno tras otro, todos se marchan. Hasta que ocurre algo extraordinario: la mujer queda sola delante de Jesús.  Ya no hay multitud. Ya no hay acusadores. Solo qued...

Del foso al trono

  ¿Hay alguna parte de tu vida que hoy sientas muerta y enterrada?  Quédate un momento con esa pregunta. No intentes responderla de inmediato. Solo permite que Dios traiga a tu mente aquello que parece perdido, detenido o imposible.  Entre el pasaje de ayer y hoy transcurren dos años. Dos años en los que José permaneció en prisión sin ninguna señal de que las cosas fueran a cambiar. Día tras día, todo parecía igual. Es fácil imaginar que, con el paso del tiempo, la esperanza de José comenzó a apagarse. ¡Pero Dios nunca había dejado de obrar!  Cuando llegó el momento señalado, todo cambió. En un solo día, José salió de la prisión, estuvo delante del faraón e, inesperadamente, fue puesto al frente de todo Egipto. Lo que parecía una historia concluida se convirtió en el comienzo de una nueva etapa. Dios hizo en un instante lo que nadie había imaginado posible.  La historia de José vuelve a dirigir nuestra mirada hacia Jesús. Después de la cruz, todo parecía perdido...

Contado entre los culpables

  Hay momentos en los que Dios parece guardar silencio.  Eso debió sentir José mientras permanecía en prisión por un delito que nunca cometió. El hijo amado, vendido por sus hermanos y acusado injustamente, ahora compartía su celda con dos hombres condenados. Humanamente hablando, todo parecía indicar que su historia había llegado a un callejón sin salida.   Pero Dios seguía escribiendo la historia.  Años más tarde, otro inocente sería contado entre los culpables. Jesús también fue condenado sin haber cometido pecado y llevado a la cruz entre dos criminales. Como José, ocupó el lugar reservado a los culpables, aunque él era completamente justo.   Sin embargo, hay un detalle que conmueve profundamente. Mientras ambos hombres colgaban a su lado, uno rechazó a Jesús, pero el otro reconoció quién era y le dijo:   " Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino."  Y Jesús le respondió:  " Hoy estarás conmigo en el paraíso."    " Ellos le dij...