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Doce hombres improbables

     Antes de elegir a los doce discípulos, Jesús pasó toda la noche en oración.  No fue un gesto simbólico ni un detalle menor. Fue una vigilia larga, silenciosa, delante del Padre. La misión que estaba por comenzar no se decidiría por intuición ni por coneveniencia humana. El futuro de su obra sería confiado a doce vidas concretas, frágiles y profundamente imperfectas.    Cuando por fin amaneció, Jesús llamó a hombres muy distintos entre sí. Algunos eran pescadores rudos, acostumbrados al trabajo duro y a palabras ásperas. Uno había servido al sistema opresor cobrando impuestos. Otro pertenecía a un movimiento radical contra Roma. Había impulsivos, callados, idealistas, contradictorios. Ninguno parecía una elección obvia.    Y, sin embargo, fueron ellos los escogidos.   Jesús no eligió a los hombres más preparados, sino a los más disponibles. No buscó currículos espirituales, sino corazones dispuestos a caminar con él. La diversidad del gru...

Aviva la llama del don de Dios

   Iniciemos nuestro estudio recordando una hermosa verdad: ¡ Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros! Sé que a pesar de esta es una promesa que trae esperanza a nuestro corazón, también puede ser intimidante, sobre todo cuando nos sentimos perdidos y sin rumbo. Sin embargo, hay buenas noticias: ¡No estamos solos en nuestra misión!    La Escritura nos recuerda hoy un diálogo entre el apóstol Pablo y Timoteo, su joven aprendiz, en el que le pide que "avive la llama del don de Dios." Pero, ¿qué significa esto? ¡Es muy simple! El Señor sabe que seguirlo no es sencillo: implica esfuerzo e incluso, dejar atrás nuestro pasado, por tanto, ha enviado a su Espíritu para llenar nuestro corazón.    El Espíritu Santo es, en otras palabras, nuestro ayudador, quien nos da la seguridad de que no estamos solos, y quien nos proporciona dones para llevar a cabo todos los planes que Dios ha preparado para nuestra vida. Lo mejor de todo es que su Espíritu nos da exac...

Seguir a Jesús siempre valdrá la pena

  Imagina que hoy el Señor te pide dejar de lado algo que amas profundamente para seguirlo. Siendo sinceros, ¿cómo responderás a su petición? ¿Obedecerías inmediatamente y sin poner ninguna excusa?   La Escritura nos muestra a través de la historia de hoy, que escuchar la voz de Dios y seguirlo no solo se trata de recibir sus bendiciones, sino también de renunciar a todo lo que nos impide alcanzar nuestro propósito.    Cuando el joven rico se acercó a Jesús, estaba lleno de pasión por conocerlo y deseaba ser piadoso. Incluso, la Biblia nos dice que él llegó corriendo y se postró delante de él. Pero cuando el Señor lo invita a desprenderse de todas sus riquezas, nos damos cuenta cómo su actitud entusiasta desaparece. El joven, que inicialmente muestra un corazón dispuesto a adorar a Jesús, termina frustrado, triste y después se aleja. El precio que tenía que pagar por seguir al Señor era demasiado alto para él.    La historia de este joven rico nos enseña qu...

Nunca te abandonaré

      Jacob es el protagonista de nuestra historia, pero ¿quién era él?   Jacob era el segundo hijo de su familia, lo que significaba que ocupaba el segundo lugar en todo. Así que, en su afán por cambiar esta situación, se propuso engañar a su hermano mayor Esaú para que le vendiera su primogenitura y luego a su padre para que lo bendijera.   Sin embargo, la Escritura nos cuenta en el pasaje de hoy, una situación muy particular y un tanto extraña: después de muchos años de huir de su hermano, Jacob se enfrenta a una figura misteriosa, que de acuerdo a grandes comentaristas bíblicos, se trata de Dios. Aunque esta es una historia singular, detrás de ella se esconde una gran ironía, pues la bendición por la que Jacob había luchado tanto durante toda su vida era la bendición que Dios siempre había querido darle.     Este es un buen momento para reflexionar por qué a Jacob le costaba tanto confiar en que el Señor cumpliría su palabra. ¿Te suena familiar est...

Actúa ante las oportunidades

    El pasaje de hoy se desarrolla en una época en la que el pueblo de Israel vivía bajo el yugo de Sísara, un temido comandante del ejército cananeo. Tras una derrota, el tuvo que huir buscando refugio. Es en este punto donde interviene la protagonista de nuestra historia: Jael.     La Escritura no ofrece muchos detalles sobre su vida, solo nos dice que era la esposa de Heber, un hombre que vivía en paz con todos. Sin embargo, a pesar de no ser una guerrera, Dios había preparado un plan para ella.   Años atrás, Débora quien guiaba y gobernaba a Israel, profetizó que su pueblo sería liberado de la opresión gracias a una valiente mujer. ¿Sabes de quién se trataba?     Exactamente, era Jael.  Regresemos una vez más al pasaje hoy. Como aprendimos anteriormente, Sísara, después de huir de una fuerte batalla, llegó a la tienda de Jael quien la acogió con amabilidad, ofreciéndole refugio y un lugar para descansar. Sorprendentemente, este simple act...

La actitud que marca la diferencia

    La hospitalidad es una forma de agradecimiento y Marta y María nos dan un ejemplo de esta hermosa virtud al recibir a Jesús en su casa. Por un lado, María interrumpe todas sus actividades para concentrarse en él, y por otro, Marta se esfuerza por realizar con excelencia las tareas de su casa para que el Señor se sienta cómodo.    Aunque en varias ocasiones nos hemos detenido a hablar de María y su adoración constante, hoy nos enfocaremos en Marta.     Marta es una mujer dedicada al servicio, y cada una de sus acciones las rinde al Maestro. Sin embargo, aunque sus intenciones son buenas, ella está más enfocada en sus labores que en Jesús.    ¡Qué ironía!, ¿verdad? Marta está tan ocupada preparando una comida para el Señor que esto le impide disfrutar de su presencia. En lugar de sentirse alegre, el pasaje de hoy nos dice que ella se sentía abrumada, inquieta y preocupada.    Sería fácil juzgarla y pensar que nosotros, a diferencia de ...

El arrepentimiento de Judá

     Un día llevaron a una mujer ante Jesús, acusada de adulterio. La ley exigía apedrearla. La multitud ya tenía el brazo tenso y listo para atacar. Pero Cristo, con una sola frase, desarmó a los acusadores: "El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra." Y uno a uno se fueron. La gracia tiene un peso que hace que caiga el orgullo.    Esa escena nos recuerda que todos fallamos. La pregunta no es sí pecamos, sino qué hacemos cuando pecamos. Aquí entra Judá, hijo de Jacob, con una historia que huele a culpa.... y a transformación.   Impulsado por la envidia, Judá participó en la venta de su hermano José. Para encubrirlo, engañaron al padre y le sembraron un dolor que duró años. Lo que parecía "resolver" un problema abrió una herida profunda. Judá cargó el peso, se distanció y aprendió que el pecado siempre promete alivio y entrega cadenas.     Mientras tanto, Dios seguía obrando. José fue llevado a Egipto y, por gracia del Señor, se conv...