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Lo que haces en secreto

    El tema de esta semana es "El tras cámaras de nuestra vida", lo que significa que profundizaremos en un camino muy distinto al que el mundo nos presenta. Nos alejaremos un poco de los reflectores para enfocarnos en lo que sucede tras cámaras y recordaremos que nuestra vida adquiere sentido sólo cuando entendemos que el centro de todo es Jesús y no nosotros. Esta es la única manera de impactar la vida de los demás.  Antes que nada, quiero hablarte sobre el concepto de "alardeo moral." Este se ha convertido en un tema muy popular en la actualidad y se refiere al acto de expresar públicamente cúanto te importa un problema, generalmente de índole social. La característica principal de esta postura es que su verdadera intención es ganar popularidad y no generar un cambio real. Esto se vuelve para muchos una excusa disfrazada para no hacer nada.  Si has notado este comportamiento, te darás cuenta de cómo las personas casi siempre reaccionan emocionalmente cuando perci...

Revístanse de humildad

   Vivimos en una sociedad obsesionada con el reconocimiento público. Pareciera que nuestra razón de ser está basada en la validación externa, y por tanto es fácil caer en la trampa de esta mentira. De acuerdo a investigaciones recientes, todos los días revisamos nuestro teléfono unas 250 veces en busca de likes, vistas, reacciones y mensajes directos. Hemos convertido los aplausos de los desconocidos en el parámetro más alto para medir nuestro valor, por lo que no es de extrañar que sintamos un cansancio extremo.  Si esta es tu realidad, llegaste al lugar correcto para aclarar todas tus dudas a la luz de la verdad de Dios. Con ayuda de la Escritura, desafiaremos y expondremos el concepto de éxito que prevalece en el mundo hoy en día. También aprenderemos juntos como agradar a Dios, y poco a poco, nos desprenderemos del mal hábito de vivir para complacer a los demás.  Primero que nada, debes saber que todo lo que sucede en nuestro interior tiene un gran impacto en el...

Cuando el orgullo se rompe

  Naamán tenía todo lo que el mundo valora: poder, reconocimiento, el favor del rey y una vida marcada por el éxito. Sin embargo, había algo que no podía ocultar ni resolver: padecía lepra. Y esa realidad hacía que todo lo demás perdiera sentido.  Al enterarse de que en Israel había un profeta capaz de sanarlo, decidió ir. Pero fue según su propia lógica: con influencia, con respaldo oficial y con una idea clara de cómo debía ocurrir el milagro. Esperaba una respuesta a la altura de su posición.  Eliseo no salió a recibirlo. En su lugar, envió a un mensajero con una instrucción sencilla: sumergirse siete veces en el Jordán.  La reacción de Naamán fue inmediata: enojo. No porque la instrucción fuera díficil, sino porque lo confrontaba directamente. Esperaba ser recibido personalmente y tratado conforme a su posición, con una intervención visible y acorde a su grandeza. En cambio, ni siquiera fue atendido por el profeta, sino por un mensajero, y se le indicó que se sum...

El Dios que da es el Dios que sustenta

   La mujer sunamita vivió una de las experiencias más intensas de la vida: recibir un hijo y, tiempo después, perderlo. Su respuesta a esa pérdida nos enseña que significa acudir a Dios cuando no queda otra opción.  Era una mujer próspera, generosa y temerosa de Dios, que había ofrecido hospitalidad al profeta Eliseo sin esperar nada a cambio. Al notar que no tenía hijo, Eliseo intercedió por ella, y el Señor le concedió un hijo. Fue un regalo inesperado, una bendición que llegó antes de que ella misma reconociera su necesidad.  Tiempo después, el niño enfermó y murió. Lo que ella hizo en ese momento fue significativo: fue personalmente en busca de Eliseo, con urgencia, sin delegar la tarea ni detenerse a dar explicaciones. Sabía hacia dónde dirigirse antes de expresar lo que sentía.  En esta escena hay una profunda honestidad. No se presentó con argumentos ni con respuestas preparadas. Llegó con su dolor, con su pérdida y con la determinación de acercarse a qu...

La fe que nos sostiene

   Hay algo profundamente significativo en esta escena: un profeta solo, escondido junto a un arroyo, sostenido por medios inesperados. No es la imagen que normalmente asociamos con una vida de servicio a Dios y, sin embargo, es precisamente allí donde su fidelidad se hace evidente.   Elías había hablado con firmeza ante el rey, confiando plenamente en la palabra de Dios. No fue una reacción impulsiva, sino una expresión de fe. Él creía en el Dios que lo había llamado y en la certeza de lo que había dicho.   Después de ese momento, Dios no lo llevó a un lugar visible ni seguro según los criterios humanos. Lo llevó a esconderse. Y en ese lugar, lejos de la atención y del movimiento, lo sostuvo de manera inesperada.  Este pasaje nos recuerda que la fe no depende las condiciones externas. No se afirma en lo que vemos, sino en quién es Dios. Elías no descansaba en las circunstancias, sino en el cáracter de Aquel que había hablado.  La fe que la palabra de Dios ...

Lecciones en tiempos amargos

   La alegría tras una gran liberación puede desvanecerse con rapidez cuando surge una necesidad urgente. El pueblo de Israel había cantado a orillas del Mar Rojo, había visto el poder de Dios, pero apenas tres después. se encontró murmurando. Tenían sed y el agua que hallaron ni podía saciarla.   No se trata solo de una reacción equivocada, sino de una realidad profundamente humana. Cuando la necesidad aprieta, nuestra memoria espiritual se debilita y lo que Dios ha hecho puede quedar en segundo plano frente a lo que falta.   La vida con Dios tiene un destino claro, pero no un camino sin tensiones. A veces es él mismo quien nos conduce a lugares en los que nuestras expectativas se ven frustradas. No como castigo, sino como formación. Porque es allí donde se revela lo que verdaderamente hay en el corazón y donde aprendemos a depender más profundamente de Dios.  El pueblo había visto un milagro extraordinario, pero eso no impidió su reacción en Mara. Y eso tambié...

Un camino inesperado

   Nadie escoge el desierto. Nadie desea despertar con el mar delante, sin salida visible, mientras el temor viene detrás pisándole los talones. Y, sin embargo, muchas veces justamente allí, en el lugar donde se gotan nuestras fuerzas y nuestras respuestas, donde Dios decide revelarse con mayor claridad.   Este pasaje no solo nos habla de un milagro extraordinario; nos deja ver el corazón fiel de Dios. El Señor no abrió el Mar Rojo porque Israel hubiera demostrado valentía, madurez o mérito. Lo abrió porque había dado una promesa y Dios jamás incumple lo que ha dicho. Su fidelidad no depende de la fortaleza de su pueblo, sino de la perfección de su carácter.  Moisés extendió la mano antes de ver cualquier cambio. Este gesto sencillo fue un acto de obediencia en medio de la incertidumbre. No tenía garantías visibles, pero si tenía la palabra de Dios. Y muchas veces así obra el Señor en nosotros: nos pide avanzar no porque ya entendamos todo, sino porque aprender a obe...