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El arrepentimiento de Judá

     Un día llevaron a una mujer ante Jesús, acusada de adulterio. La ley exigía apedrearla. La multitud ya tenía el brazo tenso y listo para atacar. Pero Cristo, con una sola frase, desarmó a los acusadores: "El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra." Y uno a uno se fueron. La gracia tiene un peso que hace que caiga el orgullo.    Esa escena nos recuerda que todos fallamos. La pregunta no es sí pecamos, sino qué hacemos cuando pecamos. Aquí entra Judá, hijo de Jacob, con una historia que huele a culpa.... y a transformación.   Impulsado por la envidia, Judá participó en la venta de su hermano José. Para encubrirlo, engañaron al padre y le sembraron un dolor que duró años. Lo que parecía "resolver" un problema abrió una herida profunda. Judá cargó el peso, se distanció y aprendió que el pecado siempre promete alivio y entrega cadenas.     Mientras tanto, Dios seguía obrando. José fue llevado a Egipto y, por gracia del Señor, se conv...

El ánimo de Bernabé

   Las grandes obras rara vez comienzan con ruido. Muchas nacen del ánimo silencioso de alguien que creyó antes de que otros se atrevieran a hacerlo. Hay historias que el mundo celebra, pero que nunca habrían existido sin una presencia fiel que sostuvo la esperanza cuando todo parecía frágil.    Bernabé encarna esa verdad. Su nombre significa "hijo de consolación" y no fue un título simbólico, sino una vida entregada. En los primeros días de la iglesia él mostró una fe concreta y generosa: vendió un campo y entregó el dinero para sostener a los hermanos. Su espiritualidad tenía manos abiertas.     Pero su legado más profundo no fue lo que dio, sino a quien sostuvo. Cuando Saulo se convirtió, la iglesia lo miró con temor. Su pasado era demasiado oscuro. Fue Bernabé quien se acercó, escuchó su historia y discernió la obra de Dios. Al presentarlo a los apóstoles, abrió una puerta por la que más tarde entrarían misiones, cartas y consuelo para generaciones. Ber...

Giezi y la inquietud de la codicia

     Una de las áreas en las que más necesitamos crecer no es solo en disciplina ni en conocimiento, sino también en contentamiento. Bíblicamente, el contentamiento no es una resignación pasiva; es una confianza activa. Es apoyar el peso del alma en la certeza de que Dios gobierna todas las cosas, y conocerlo a él es el mayor tesoro que podemos poseer.    Cuando falta contentamiento, el corazón no permanece en silencio. Se llena de inquietud, inseguridad y una sutil sospecha: " ¿De verdad Dios está siendo bueno conmigo?" Y de esa grieta brotan la avaricia y la envidia. El contentamiento, en cambio, nace de un corazón que todavía sabe maravillarse, porque, en el fondo, es hijo de la gratitud.   La Escritura no solo nos da ejemplos a seguir; también nos deja advertencias para temblar. La vida de Guiezi es una de ellas. Como siervo de Eliseo, vio la sanidad milagrosa de Naamán. Vio la gracia en acción. Y vio también algo precioso: Eliseo rechazó cualquier reco...

La fidelidad de Jonatán

     Vivimos en días de vínculos frágiles. Las promesas se hacen livianas, los compromisos se negocian y el amor se mide por conveniencia. Nuestra época sabe hablar de conexión, pero le cuesta mantener la lealtad.    La Escritura, en cambio, nos ofrece otro camino. Después de la victoria de David sobre Goliat, fue llevado a la casa del rey Saúl. Allí nació una amistad profunda entre David y Jonatán. En un mundo de poder, herencias y tronos, Jonatán vio algo que pocos ven: la mano de Dios sobre otro hombre. Y donde la carne habría sembrado celos, él sembró fidelidad.      Jonatán era el heredero natural. Podía aferrarse al futuro como quien aprieta una corona invisible. Pero él se alegro de la voluntad del Señor. Puso la fidelidad por encima de la ambición y el amor por encima del interés propio. No fue una amistad útil; fue una amistad cimentada en el compromiso. Más de una vez arriesgó su vida por David, aun a costa de la furia de su propio padre...

La fe de Rajab

   Esta semana analizaremos la vida de siete personajes bíblicos, que han permanecido "tras bambalinas", sin embargo su impacto ha sido significativo. No pasan desapercibidos en la historia de Dios por falta de importancia, sino porque caminan junto a grandes acontecimientos en lugar de ocupar el centro del escenario. Y precisamente por eso, tienen mucho que enseñarnos sobre la vida cristiana común, aquella que se vive lejos del aplauso.    Comencemos reflexionando sobre la fe.   A diferencia de los dioses de la mitología, el Señor no exige favores ni sacrificios para satisfacer una necesidad propia. La Biblia nos presenta a Dios como un padre bueno, amoroso y cercano. Él es completo y Todopoderoso, no necesita nada de nosotros, excepto una fe sincera. Por ello, el libro de Hebreos nos recuerda que, sin fe es imposible agradarle, porque quien se acerca a Dios debe creer que él existe y confiar en que recompensará a quienes lo buscan con un corazón dispuesto. Est...

Obedece antes de que tenga sentido

    Hay una forma de fe que solo se revela cuando dejamos de exigir explicaciones.     Jackie Pullinger, misionera cristiana británica, ha dedicado su vida a servir a los pobres y marginados de Hong Kong. Durante décadas ha trabajado con miembros de pandillas, personas adictas y mujeres atrapadas en la prostitución. A través de una obediencia firme a Dios y del poder del Espíritu Santo, ha sido testigo de la liberación de miles de personas de la adicción y de la desesperanza. Su vida se asemeja a una parábola moderna de confianza.     En su autobiografía Chasing the Dragon, Pullinger cuenta que, a comienzos de sus veinte, sintió que Dios le pedía simplemente que "fuera", aunque no sabía a dónde. Un mentor de confianza le aconsejó que comprara el boleto más largo que pudiera pagar, orara y confiara en que Dios le mostraría dónde debía bajarse. Con apenas diez libras en el bolsillo, se embarcó desde Inglaterra. Cuando el barco llegó a Hong Kong en 1966, sinti...

Aprende a esperar delante de Dios

   Hay momentos en la vida en los que la fe no se mide por lo que hacemos, sino por cómo esperamos.  Esperar revela lo que realmente creemos de Dios. Cuando todo avanza según nuestros planes, es fácil decir que confiamos. Pero cuando el tiempo se alarga, cuando las respuestas no llegan y el silencio se instala, la espera se convierte en un espejo del corazón. Allí se pone a prueba no nuestra fuerza, sino nuestra confianza.    El Salmo 27 nos introduce en ese lugar sagrado y frágil. David no escribe desde la tranquilidad, sino desde la presión. Hay miedo, amenaza e incertidumbre. Y aún así, no huye. Permanece. Ora. Busca el rostro de Dios. La espera, para David, no es pasiva; es relacional. No espera algo de Dios; espera con Dios.  Eso es lo que transforma la espera.   Mientras clama; algo ocurre en su interior. Su oración no cambia las circunstancias; cambia su perspectiva. Poco a poco, la ansiedad da paso a la certeza: "he de ver la bondad del Señor e...