Jehová Tsidkenu, el Señor es nuestra justicia
Es evidente que la injusticia y la impunidad se han extendido por doquier, afectando desde los ámbitos políticos hasta el día a día de las personas. El mal parece haberse alojado en nuestra sociedad, dejándonos con la sensación de que poco o nada cambiará. Esta realidad no solo afecta nuestra percepción de justicia sino que también incremente nuestra sensación de vulnerabilidad, ya sea al transitar por las calles, en el tráfico, o incluso dentro de nuestros hogares. Lamentablemente, este caos no escapa de los entornos religiosos, aquellos que deberían ser pilares de fidelidad, justicia y amor divino, a menudo también se ven involucrados en escándalos que van desde la tergiversación de doctrinas hasta faltas morales graves. Esta situación nos lleva a cuestionarnos si aun en estos escenarios prevalecerá la corrupción y la inmoralidad. ¿Acaso Dios no está vigilando? En el tiempo de los reyes, la idolatría se destacó como el pecado que más daño causó ...