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Lo poco en tus manos, lo imposible en las suyas

    A medida que el ministerio de Jesús crecía, multitudes cada vez mayores lo seguían. Muchos venían atraídos por sus enseñanzas; otros, por los milagros que realizaba. En cierta ocasión, una enorme multitud permaneció con él durante horas, y Jesús, movido por compasión, decidió atender no solo su necesidad espiritual, sino también su hambre.  Entonces surgió una pregunta aparentemente imposible: ¿cómo alimentar a miles de personas en un lugar tan apartado?  Los discípulos comenzaron a ver la situación desde una perspectiva humana. Felipe hizo cálculos y concluyó que ni siquiera una gran cantidad de dinero sería suficiente para alimentar a todos. Andrés encontró a un muchacho con cinco panes y dos peces, pero incluso él reconoció lo insignificante que aquello parecia frente a una multitud tan grande.    Sin embargo, Jesús veía algo que ellos todavía no podían ver. Lo que parecía insuficiente en manos humanas se convirtió en abundancia cuando fue puesto en ...

Cuando Jesús se acerca al que ya no puede más

   El pasaje de hoy nos presenta la tercera señal del Evangelio de Juan. Cerca del estanque de Betesda se encontraba un hombre que había vivido enfermo durante treinta y ocho años. Durante décadas había esperado una oportunidad de ser sanado, pero su condición le impedía alcanzar aquello que tanto anhelaba. Sin fuerzas, sin recursos y sin nadie que pudiera ayudarlo, parecía haber llegado al final de toda esperanza.  Entonces Jesús se acercó a él.  Es interesante notar que, entre una multitud de personas enfermas, Jesús fue dierctamente hacia aquel hombre. No esperó que él lograra acercarse. No le pidió que demostrara su capacidad. Tampoco ignoró su sufrimiento. Jesús tomó la iniciativa y entró en la historia de alguien que ya no tenía fuerzas para cambiar su propia situación.  Después de escuchar su respuesta, le dijo: "Levántate, recoge tu camilla y anda." Y en ese mismo instante, aquel hombre fue completamente sanado.  Este milagro nos recuerda una verdad...

Creer antes de ver

   Una vez más, Jesús regreso a Caná de Galilea. Allí fue buscado por un funcionario real que atravesaba una situación desesperante. A pesar de su posición, influencia y recursos, había algo que no podía controlar: su hijo estaba gravemente enfermo y al borde de la muerte.   Seguramente había agotado todas las alternativas a su alcance. Cuando las soluciones humanas llegan a su límite, decidió acudir a Jesús. Lo buscó con urgencia y le rogó que sanara a su hijo.  Sin embargo, aquel hombre tenía una idea que muchos todavía tenemos hoy: que Jesús debía estar físicamente presente para actuar. Creía que la solución dependía de que el Señor llegara a su casa antes de que fuera demasiado tarde.   Pero Jesús respondió de una manera sorprendente:  "Vuelve a casa, que tu hijo vive."   No lo acompañó. No realizó ningún gesto visible. Simplemente habló. Y entonces ocurrió el verdadero milagro del pasaje de hoy: aquel hombre creyó la palabra de Jesús.  " Jesú...

Más que milagros

   Esta semana reflexionaremos sobre los milagros de Jesús en el Evangelio de Juan. Sin embargo, Juan los llama señales porque no fueron demostraciones de poder. Cada una revela algo profundo sobre quién es Jesús. A través de ellas, descubrimos que él no es solamente un maestro extraordinario, sino también el Hijo de Dios que vino a traer vida al mundo.   La primera de estas señales ocurrió durante una boda en Caná de Galilea. Jesús estaba alló con sus discípulos, participando de una celebración común. Este detalle es significativo. Nuestro Señor no vivía distante de las personas ni desconectado de su realidad. Estaba presente en las mesas, en las conversaciones, en los momentos de alegría y también en medio de las preocupaciones más cotidianas.  En medio de la fiesta surgió un problema inesperado: el vino se acabó. Para los anfitriones, aquello representaba una gran verguenza. Entonces Jesús realizó su primer milagro, transformando agua en vino , y no en cualquier v...

Avivando el fuego con gratitud

  La insatisfacción puede aparecer en nuestra vida repentinamente y apoderarse de nosotros, ardiendo como un fuego intenso en el corazón. Es inevitable no sentirnos de esta manera tarde o temprano. Pero entonces, ¿qué podemos hacer para lidiar con ese sentimiento de insatisfacción? Permíteme sugerirte algo en lo que tal vez no habías pensado: practica la gratitud.  Esto podría sonar como si estuviéramos apagando ese fuego con agua fría. Pero, ¿y si la gratitud, en lugar de extinguirlo, lo avivara como un soplete?  ¿Cómo puede ser esto posible? Practicar la gratitud cada día nos ayuda a ver con claridad qué es lo que realmente nos proporciona alegría.  De niños, nos enseñan que, en caso de incendio, no debemos abrir una puerta sin antes comprobar si está caliente. Si lo está, es mejor no abrirla. Pues bien, la gratitud es como tocar esas puertas en nuestro corazón, notando cuáles están frías y cuáles arden con calor. Pero, a diferencia de un incendio, aquí buscamos la...

Dios quiere que seas feliz

   Muchos de nosotros llevamos oculto en el corazón: "Dios no quiere que seas feliz." Al leer el versículo 5 del pasaje de hoy, podríamos pensar que nuestras sospechas se confiman cuando leemos: " Conténtense con lo que tienen."   Esto nos lleva a preguntarnos: ¿desear más es incorrecto? ¿Acaso sentirse insatisfecho es malo?   Curiosamente, Eva experimentó ese mismo temor en el Jardín del Edén. Creyó que Dios la estaba privando del árbol del conocimiento y quizás se preguntó: "¿De verdad Dios me ama?". Esa duda no salió sola; fue sembrada por la serpiente, quien le insinuó: "Dios sabe muy bien que cuando coman de ese árbol se les abrirán los ojos y serán como Dios."   Al igual que Eva, nosotros también enfrentamos ese temor que nace de una mentira. Nos asalta la duda: ¿Dios me ama y proveerá todo lo que necesito? ¿Puedo confiar plenamente en que él cuidará de mí?  Aunque Hebreos no habla sobre el árbol del conocimiento, sí nos dice que la ten...

Alimentando nuestra insatisfacción

  Si un carro pudiera sentir insatisfacción, ¿cómo lo resolvería? La pregunta puede parecer extraña, pero considerémosla por un momento. Piensa en tu auto favorito. ¿Qué necesita para funcionar correctamente? Probablemente dos cosas esenciales: combustible y un conductor.   Un carro sin conductor está desorientado, sin un destino claro y sin combustible; está paralizado, incapaz de moverse hacia cualquier dirección. Sin ambos, no puede cumplir con el propósito para el que fue diseñado.  Ahora pensemos en nosotros. ¿Qué es lo que realmente anhelamos cuando sentimos insatisfacción? Al igual que un auto, necesitamos algo que nos impulse y algo que nos guíe. Todos tenemos muchos deseos, pero a veces llenamos nuestra mente y corazón con cosas que no nos conducen hacia nuestro verdadero destino. Como un carro sin conductor o sin combustible, nos encontramos desorientados o paralizados, sin avanzar hacia lo que realmente importa.   ¿Cómo saber entonces cuáles de nuestr...