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No quiero seguir aparentando

  ¿Alguna ve has sonreído cuando en realidad no tenías ganas de hacerlo?  Hay días en los que respondemos "estoy bien", aunque por dentro sepamos que no es cierto. Seguimos cumpliendo con nuestras responsabilidades, asistimos a la iglesia, servimos a los demás e incluso sonreímos. Pero hay heridas, luchas o pecados que preferimos esconder por miedo a ser juzgados.  Con el tiempo, aparentar puede resultar agotador.  En el libro clásico de la literatura cristiana "El progreso del peregrino" aparece un personaje llamado Hipocresía. Quiere parecer un verdadero peregrino, pero nunca entra por la puerta estrecha. Desea las señales externas del camino, sin permitir que Dios transforme su corazón.  Jesús conocía muy bien ese peligro. Por eso habló con tanta firmeza a los fariseos. Por fuera, parecían personas de conducta intachable. Eran admirados por su religiosidad y su conocimiento de la Ley. Sin embargo, Jesús veía lo que nadie más podía ver: un corazón que necesita...

Hace tiempo que algo cambio en mí

   ¿Alguna vez has sentido que ya no eres la misma persona que antes? No porque hayas dejado de creer en Dios. La fe sigue siendo importante para ti. Sigues orando. Sigues leyendo la Biblia de vez en cuando.  Pero si lo piensas bien, algo cambió.  Hubo un tiempo en el que buscabas a Dios con más ilusión. Había un deseo profundo de conocerlo, obedecerlo y caminar cerca de él. Hoy ese deseo parece haberse ido apagando poco a poco.  Y lo más díficil es que ni siquiera sabes cuándo ocurrió.  Nadie se aleja de Dios de un día para otro. Normalmente sucede de manera silenciosa. Una oración que se deja para después. Un día sin abrir la Biblia. Una decisión pequeña que parece no tener importancia. Luego otra... y otra más.  Hasta que un día el corazón ya no tiene el mismo entusiasmo de antes. "Pasé junto al campo del perezoso, junto a la viña del campo de entendimiento, y vi espinos por todas partes; las ortigas cubrían toda la superficie y la cerca de piedras ...

Estoy cansado de luchar

   ¿Alguna vez has sentido que seguir a Jesús se ha vuelto más díficil de lo que imaginabas?  Hay temporadas en las que la fe parece avanzar con alegría. Pero también hay días en los que el cansancio pesa, la tentación insiste y las dudas comienzan a hacer ruido. En esos momentos, es fácil preguntarte si realmente tendremos fuerzas para seguir adelante.   Todos los que caminamos con Dios atravesamos este tipo de batallas. En el libro clásico de la literatura cristiana  "El progreso del peregrino", aparece un personaje llamado Fiel. Su nombre describe  la manera en que decide vivir. A lo largo del camino enfrenta oposición, tentación y dificultades, pero continúa avanzado. No porque fuera más fuerte que los demás. sino porque había decicido permanecer firme en Aquel que lo había llamado.   Eso mismo quiso enseñar Jesús a los discípulos. La noche antes de ir a la cruz, Jesús sabía que tan pronto enfrentarían persecución, temor y momentos de profunda...

La persona que Dios usó

  ¿Alguna vez te has detenido a pensar en quién fue la primera persona que te habló de Jesús? Quizá fue un familiar que nunca dejó de orar por ti. Tal vez un amigo que apareció justo a tiempo. Un pastor, un maestro o incluso alguien con quien solo hablaste unos minutos.  Es curioso, pero hay personas que entran en nuestra vida sin hacer mucho ruido y, sin embargo, terminan cambiando nuestra historia para siempre.  Con el paso del tiempo descubrimos que aquello no fue casualidad. Dios ya estaba obrando mucho antes de que pudiéramos verlo.  Eso mismo sucede en el libro clásico de la literatura cristiana "El progreso del peregrino." Al comienzo del viaje aparece un hombre llamado Evangelista. Él no puede recorrer el camino del protagonista ni cargar con el peso que lleva sobre sus hombros. Pero hace algo que cambia su vida para siempre: le muestra donde encontrar la salvación.  ¡Es hermoso pensar que Dios siga obrando de esa manera!   En el pasaje de hoy, Jesú...

He perdido el asombro

   ¿Recuerdas cómo era tu fe cuando conociste a Jesús?  Quizás no sabías mucho sobre la Biblia. Tal vez todavía tenías muchas preguntas. Pero había algo que llenaba tu corazón: el asombro de descubrir que Dios te amaba más de lo que imaginabas. Con el paso del tiempo, la vida sigue adelante. Llegan las responsabilidades, los problemas, las decepciones y las prisas. Seguimos creyendo en Jesús, pero poco a poco otras cosas empiezan a ocupar el centro de nuestra atención.   No perdemos la fe de un día para otro. Simplemente dejamos de volver al lugar donde todo comenzó.  Por eso me conmueve que Pablo escriba estas palabras a una iglesia que ya conocía de Cristo. No les presenta una nueva enseñanza ni una experiencia diferente. Les recuerda el evangelio que un día recibieron y en el cual seguían firmes. Como si les dijera:   "No olviden aquello que transformó su vida."   " En primer lugar, les he enseñado lo mismo que yo recibí: Que, conforme a las Es...

Aprendiendo a estar presente

   Vivimos en un mundo que nunca se detiene.  Siempre hay algo que hacer, una preocupación que resolver o una nueva distracción que reclama nuestra atención. Poco a poco, nuestra mente se llena de ruido y nuestro corazón olvida dónde encontrar descanso.  Por eso las palabras del pasaje de hoy siguen siendo tan necesarias.  Lo más sorprendente es que este salmo no fue escrito en un momento de tranquilidad. Habla de montañas que se derrumban, mares embravecidos y naciones enteras sacudidas por el caos. Y, sin embargo, en medio de ese escenario, Dios pronuncia una de las invitaciones más hermosas de toda la Biblia:    "Quédense quietos y reconozcan que Yo soy Dios." ¡Qué diferente es la paz de Dios! El mundo nos dice que solo podremos descansar cuando desaparezcan los problemas. Dios nos invita a descansar porque él permanece, aun cuando los problemas siguen ahí. Su paz no nace de la ausencia de problemas. Nace de su presencia.   " ¡Alto! ¡Reconozcan...

La tiranía de lo urgente

   ¿Alguna vez has terminado con el día con la sensación de que hiciste muchas cosas... pero descuidaste las más importantes?   Vivimos rodeados de responsabilidades. Hay mensajes por responder, pendientes por resolver y personas que necesitan algo de nosotros. Sin darnos cuenta, empezamos a creer que vivir ocupados es lo mismo que vivir con propósito.  Marta también lo creyó.  Cuando Jesús llegó a su casa, ella hizo lo que cualquiera habría hecho: comenzó a servir. Preparó todo para recibirlo de la mejor manera posible. Su deseo era bueno.  Pero, en medio de tanta actividad, ocurrió algo que ella no advirtió. Estaba tan ocupada preparando todo para Jesús... que dejó de disfrutar a Jesús.  Qué fácil es que también nos ocurra a nosotros.  Podemos llenar nuestros días de responsabilidades, servir a los demás e incluso hacer muchas cosas para Dios... y aún así, descuidar lo más importante: estar con él.   " Jesús le respondió: Marta, Marta, está...