Un rey conforme al corazón de Dios
Cuando Israel aún vivía bajo el liderazgo de jueces, el pueblo pidió un rey y Dios accedió. Pero el rey de ninguna manera debía sustituir la autoridad del Señor. Por el contrario, debía gobernar bajo su voluntad, sometido a su palabra. Saúl fracasó precisamente en eso. Usó el poder para proteger su imagen, y David, viviendo como fugitivo y en medio de la debilidad, adoptó una postura distinta: el reino le pertenece al Señor. El ascenso de David al trono nos enseña algo hermoso. La voluntad del Señor no se cumple por nosotros, sino a pesar de nosotros, y a través de un largo proceso de formación y providencia. Años de persecución forjaron el corazón de David y le enseñaron a depender. Pasó de ser un hombre que sufrió injusticia a ser un rey que gobierna con misericordia. El dolor pudo haberlo amargado, pero Dios lo utilizó para hacerlo más sensible y reverente. ¿Y qué hace David con la autoridad que se le otorgó? No construye un monumento para sí mismo. L...