Entradas

Jehová Tsidkenu, el Señor es nuestra justicia

    Es evidente que la injusticia y la impunidad se han extendido por doquier, afectando desde los ámbitos políticos hasta el día a día de las personas. El mal parece haberse alojado en nuestra sociedad, dejándonos con la sensación de que poco o nada cambiará. Esta realidad no solo afecta nuestra percepción de justicia sino que también incremente nuestra sensación de vulnerabilidad, ya sea al transitar por las calles, en el tráfico, o incluso dentro de nuestros hogares.    Lamentablemente, este caos no escapa de los entornos religiosos, aquellos que deberían ser pilares de fidelidad, justicia y amor divino, a menudo también se ven involucrados en escándalos que van desde la tergiversación de doctrinas hasta faltas morales graves. Esta situación nos lleva a cuestionarnos si aun en estos escenarios prevalecerá la corrupción y la inmoralidad.   ¿Acaso Dios no está vigilando?  En el tiempo de los reyes, la idolatría se destacó como el pecado que más daño causó ...

Jehová Nissi, el Señor es mi estandarte

  Aunque las batallas que hoy enfrentamos no son como las de los tiempos bíblicos, contra naciones y ejércitos hostiles, la realidad es que todos los días enfrentamos conflictos. La Escritura nos revela que "nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales." Es decir, nos encontramos frente a un campo de batalla constante, una guerra espiritual que, a menudo, tiene repercusiones tangibles en nuestra vida cotidiana.   El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento se vio envuelto en diversos conflictos armados, luchando contra pequeñas naciones y grandes imperios. Sin embargo, un rasgo común de todas esas batallas es que Dios permanecía siempre junto a su pueblo.  La Biblia relata momentos en que las probabilidades de victoria para el pueblo de Dios parecían nulas, pero en esas circunstancias, pero la intervención divina se m...

Jehová Rafa, el Dios que sana

    Todos los días nos encontramos con noticias de familiares, vecinos o amigos que se enfrentan a algún tipo de enfermedad, desde la más grave hasta la más simple. Las enfermedades son una realidad innegable y representan la principal causa de muerte en el mundo. Aunque la Organización Mundial de la Salud es incapaz de determinar el número exacto de enfermedades que existen, es indiscutible que son miles, y según afirman, siguen creciendo cada día.   Además de escuchar acerca de las enfermedades de otras personas, todos en algún momento hemos atravesado por una de ellas. Hemos pasado tiempo en hospitales, sometiéndonos a pruebas, consultas o buscando asistencia médica. Como creyentes, contamos con el privilegio no solo de recurrir a profesionales de la salud, sino también de clamar por la intervención divina ante la enfermedad.  El pasaje de hoy nos transporta a la travesía del pueblo de Israel por el desierto. Después de tres días de caminata, se enfrentaron a la e...

Jehová Jireh, el Dios que provee

   Después de años de espera, Abraham y Sara finalmente recibieron a su amado hijo, Isaac, como el cumplimiento de la promesa de Dios. Abraham siguió de cerca el crecimiento y el desarrollo de Isaac, encontrando alegría y deleite en cada etapa de su vida. Sin embargo, un día, Dios le pidió a Abraham que hiciera algo inimaginable: debía ir al monte Moriah y ofrecer a su hijo como sacrificio a Dios.  Es tan díficil imaginar lo que Abraham debió sentir en ese momento. Él había esperado durante tanto tiempo a su amado hijo y ahora Dios le pedía que lo entregara.  ¿Qué habrías hecho tú en su lugar?  La experiencia de Abraham nos hace reflexionar sobre cómo manejamos las bendiciones que recibimos de Dios. ¿Estaríamos dispuestos a sacrificar todo por nuestro amor hacia él? Abraham lo hizo y obedeció, llevando a Isaac con determinación a cumplir la voluntad de Dios.  " Y el ángel dijo: No extiendas tu mano sobre el niño, ni le hagas daño. Yo sé bien que temes a Dio...

Yo soy el que soy

   ¡Todos buscamos estabilidad! Ya sea en nuestras actividades cotidianas, en lo relacional, lo económico, en nuestra fe. Siempre estamos buscando seguridad y garantías para evitar sorpresas o desilusiones en nuestro camino.   Esto también lo podemos ver en la Escritura: cuando el Señor eligió a Gedeón para dirigir al pueblo contra los madianitas, Gedeón pidió señales que confirmaran que Dios estaba realmente con él. Al conceder a Ezequías otros quince años de vida, Dios hizo que la sombra retrocediera diez grados en el reloj de Acaz como prueba de favor divino. Tomás necesitaba ver para creer que Jesús había resucitado, y así varios ejemplos.   Como podemos ver, la búsqueda de seguridad y certezas es parte de nuestra naturaleza humana. No obstante, a través de la vida de Tomás, Jesús nos da una gran enseñanza: son bienaventurados aquellos que creen sin necesitar pruebas concretas. La certeza de Dios no está en lo sobrenatural, sino en una fe firme en el poder d...

Superando la incomprensión

   Pocas cosas cansan tanto al corazón como sentirse incomprendido.  No buscas que alguien resuelva todos tus problemas. Solo deseas que alguien escuche sin juzgar, que permanezca a tu lado sin sacar conclusiones apresuradas. Pero en lugar de compasión, encuentras explicaciones. En lugar de consuelo, recibes críticas. Y el dolor que ya llevabas termina haciéndose aún más pesado.  Eso fue lo que vivió Job. En medio de su sufrimiento, no les pidió riquezas a sus amigos ni que resolvieran su situación. Solo necesitaba compasión. Sin embargo, quienes debían sostenerlo terminaron por sospechar de él. Creyeron conocer las razones de su dolor, cuando en realidad ignoraban por completo lo que Dios estaba haciendo.  Por eso Job dijo: " Al que sufre se le debe mostrar compasión."   Qué fácil es olvidar esa verdad.  " Al amigo que sufre se le consuela, aunque se haya olvidado del Todopoderoso. " (Job 6:14).

Superando la soledad

   La soledad más profunda no siempre se siente cuando estemos físicamente solos.   A veces estamos rodeados de personas y, aun así, llevamos la dolorosa sensación de que nadie comprende realmente lo que sucede en nuestro corazón. Hay heridas que no saben explicarse con palabras y hay silencios que pesan más que cualquier conversación.  Job conoció esa clase de soledad.  No solo perdió sus bienes, sino también su salud. Poco a poco también sintió que las personas que habían caminado junto a él comenzaban a alejarse. Sus amigos dejaron de consolarlo para juzgarlo. Incluso quienes más lo amaban parecían incapaces de comprender su sufrimiento.  Pero había una ausencia que le dolía aún más.  Sentía que Dios guardaba silencio. Y quizá esa también sea tu lucha hoy. No es que hayas dejado de orar. Es que pareciera que el cielo permanece en silencio. Lees la Biblia, buscas a Dios y esperas una respuesta que no llega. Entonces el corazón comienza a preguntarse ...