Entradas

Dios quiere que seas feliz

   Muchos de nosotros llevamos oculto en el corazón: "Dios no quiere que seas feliz." Al leer el versículo 5 del pasaje de hoy, podríamos pensar que nuestras sospechas se confiman cuando leemos: " Conténtense con lo que tienen."   Esto nos lleva a preguntarnos: ¿desear más es incorrecto? ¿Acaso sentirse insatisfecho es malo?   Curiosamente, Eva experimentó ese mismo temor en el Jardín del Edén. Creyó que Dios la estaba privando del árbol del conocimiento y quizás se preguntó: "¿De verdad Dios me ama?". Esa duda no salió sola; fue sembrada por la serpiente, quien le insinuó: "Dios sabe muy bien que cuando coman de ese árbol se les abrirán los ojos y serán como Dios."   Al igual que Eva, nosotros también enfrentamos ese temor que nace de una mentira. Nos asalta la duda: ¿Dios me ama y proveerá todo lo que necesito? ¿Puedo confiar plenamente en que él cuidará de mí?  Aunque Hebreos no habla sobre el árbol del conocimiento, sí nos dice que la ten...

Alimentando nuestra insatisfacción

  Si un carro pudiera sentir insatisfacción, ¿cómo lo resolvería? La pregunta puede parecer extraña, pero considerémosla por un momento. Piensa en tu auto favorito. ¿Qué necesita para funcionar correctamente? Probablemente dos cosas esenciales: combustible y un conductor.   Un carro sin conductor está desorientado, sin un destino claro y sin combustible; está paralizado, incapaz de moverse hacia cualquier dirección. Sin ambos, no puede cumplir con el propósito para el que fue diseñado.  Ahora pensemos en nosotros. ¿Qué es lo que realmente anhelamos cuando sentimos insatisfacción? Al igual que un auto, necesitamos algo que nos impulse y algo que nos guíe. Todos tenemos muchos deseos, pero a veces llenamos nuestra mente y corazón con cosas que no nos conducen hacia nuestro verdadero destino. Como un carro sin conductor o sin combustible, nos encontramos desorientados o paralizados, sin avanzar hacia lo que realmente importa.   ¿Cómo saber entonces cuáles de nuestr...

Permite que la insatisfacción te guíe

    Cuando llegas al aeropuerto, lo notas de inmediato: el sonido característico de los aviones, el bullicio de las bocinas y el caos del tráfico. Al entrar, la prisa se hace palpable. La gente avanza por los controles de seguridad; algunos se desplazan por las cintas transportadoras, mientras otros corren. Finalmente, en la puerta de embarque, muchos se sumergen en sus libros o en la pantalla de sus teléfonos, buscando cualquier forma de evadir el presente. El aeropuerto se convierte en un reflejo de una verdad más profunda: todos, de alguna manera, queremos estar en otro lugar buscando siempre lo que sigue, como si el momento actual no fuera suficiente.  En ocasiones, la vida se siente exactamente así. Estamos en constante espera de lo que sigue: un nuevo trabajo, un hogar, una relación, un hijo. Buscamos el camino más rápido para llegar a ese destino anhelado. Y, mientras tanto, intentamos llenar el vacío con distracciones, buscando cualquier forma de hacer que el tiem...

Su palabra es fuego ardiente

   "No puedo conseguir satisfacción", o como Mick Jagger lo diría: "I can,t get no satisfaction", una famosa canción de los Rolling Stones que resuena hasta ahora, porque todos, de alguna forma, conocemos ese sentimiento. Incluso el profeta Jeremías lo entendía, pero lo expresó de manera más poética cuando escribió: "Su palabra en mi interior se vuelve un fuego ardiente que me cala hasta los huesos. He hecho todo lo posible por contenerla, pero ya no puedo más."   Todos, sin excepción, hemos tenido la sensación de que nos falta algo, como si hubiera un vacío que no podemos llenar en nuestra vida. Sin embargo, la Biblia nos anima a buscar contentamiento y aceptar nuestras circunstancias, al mismo tiempo nos recuerda que en ocasiones es inevitable sentir insatisfacción, pues esta forma parte de nuestra experiencia. Por ello, esta semana quiero invitarte a reflexionar en esta insatisfacción, no en la que canta los Rolling Stones, sino en aquel sentimiento que...

Obrando desde la gratitud

   La parábola de los trabajadores de la viña confronta una de las luchas más silenciosas del corazón humano: la comparación.   Jesús cuenta la historia de un propietario que salió muy temprano a contratar obreros para trabajar en su viñedo. Acordó pagarles un denario por el día completo, un salario justo y generoso para la época. Sin embargo, a lo largo del día siguió llamando a más trabajadores, incluso cuando faltaba muy poco para terminar la jornada.  Al llegar la noche, todos recibieron exactamente la misma paga.   Entonces comenzaron las quejas.  Los que habían trabajado desde temprano pensaban que merecían más que quienes habían llegado al final. Desde su perspectiva, la generosidad del dueño parecía injusta. Pero el problema no estaba en el salario recibido, sino en la comparación que había surgido entre ellos. Y ahí Jesús revela algo profundo sobre el corazón humano.  " Asi que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros."...

Trabajando para la eternidad

    La parábola del administrador astuto puede parecer incómoda al principio. Jesús cuenta la historia de un hombre acusado de malgastar los bienes de su señor. Cuando descubre que perderá su puesto, reacciona con rapidez para asegurar su futuro. Y aunque sus acciones no se presentan como un modelo de integridad, Jesús sí destaca algo importante; su capacidad para actuar con urgencia al comprender la gravedad de su situación.   Ese es el centro de la enseñanza. Aquel hombre entendió que no podía seguir viviendo como si nada estuviera pasando. Sabía que debía tomar decisiones mientras aún tenía tiempo. Y justamente ahí Jesús dirige nuestra atención hacia la vida espiritual.  Con frecuencia, las personas viven distraídas, ocupadas únicamente en resolver lo inmediato, ganar más, producir más o sostener rutinas que consumen lentamente el corazón. Se piensa que siempre habrá otro momento para buscar más a Dios, para ordenar prioridades, para sanar relaciones o para vivir ...

¿Tu corazón es tierra fértil?

   La palabra de Dios tiene el poder de transformar profundamente una vida. Ella consuela, confronta, corrige, exhorta y fortalece el corazón. A través de ella, el Espíritu Santo obra en nosotros y produce vida espiritual. Pero Jesús deja claro en esta parábola que no basta con escuchar la palabra; también importa la manera en que el corazón la recibe.    Por eso habló del sembrador. La semilla siempre era buena. El problema nunca estuvo en la semilla, sino en el terreno en el que caía.  Parte cayó junto al camino. Era una tierra endurecida en la que semilla no podía penetrar. Representa el corazón que escucha, pero permanece cerrado. La palabra llega al oído, pero nunca desciende al interior. Otra parte cayó entre piedras. Allí brotó rápidamente, pero no tenía profundidad. Cuando llegaron el calor y las dificultades, la planta se secó. Jesús muestra cómo algunas personas reciben la palabra de Dios con entusiasmo momentáneo, pero sin raíces profundas que las sos...