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El origen de la decepción

  ¿Sabes qué tienen en común estas afirmaciones del siglo pasado? - El Titanic es insumergible. - Los cigarrillos pueden curar el asma. - Si te comes un chicle, se quedará en tu estómago durante siete años. - Los seres humanos solo usan el 10% de su cerebro.   Bueno, la respuesta es sencilla: aunque estas declaraciones, en su momento, se presentaron como verdades, todas resultaron ser falsas.  La historia está llena de afirmaciones convincentes que, con el tiempo, demostraron que eran erróneas. Actualmente, nuestra sociedad está saturada de marketing, desinformación y manipulación, y por tanto, el desafío de discernir qué es verdad se ha vuelto aún más complejo. Esto nos lleva a una pregunta esencial: ¿cómo diferenciamos la verdad de las mentiras, especialmente en asuntos de la fe?  La advertencia de Pablo a Tito sigue siendo tan relevante hoy como en la antigua Creta: "Hay muchos rebeldes, charlatanes y engañadores." Si bien es cierto que nuestra cultura está inunda...

¿Cómo ser mejor cada día?

   ¿Te ha pasado alguna vez que, cuando lees la Biblia, es posible que algunos pasajes te parezcan irrelevantes o alejados de tu realidad? La descripción de Pablo sobre el rol de los ancianos de la iglesia en la antigua Creta podría ser uno de ellos, ¿verdad? Para muchos, este pasaje suena distante, y quizás pensemos: "Esto no aplica para mi vida."    Pero, ¿y si sí aplica?   Pablo nos recuerda en 2 Timoteo 3:16 que "toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir  y para instruir en la justicia." Esto significa que incluso este pasaje tiene algo valioso para enseñarnos, si estamos dispuestos a reflexionar en ello.  En su esencia, este texto es un retrato del liderazgo cristiano, un llamado a construir comunidades centradas en Dios y llenas de vida. Pablo describe a una persona que sigue a Jesús como alguien hospitalario, amigo del bien, justo, santo y disciplinado, por tanto, estas cualidades se revelan como ...

Un Dios que no miente

   Pablo inicia la carta a Tito con la intensidad de un tráiler de película, delineando temas que anticipan la relevancia de su mensaje. Desde el primer momento, Pablo afirma su autoridad divina, celebra el evangelio y dirige un saludo afectuoso a Tito. Su introducción, una de las más extensas de sus cartas, nos prepara para la profundidad de lo que está por venir.   Sin embargo, en medio de la riqueza de este comienzo, una afirmación brilla como un faro, especialmente a la luz de nuestro momento cultural: el autor de la promesa de la vida eterna, es "el que no miente." Estas palabras, aparentemente simples, son una respuesta directa al entorno en el que Tito ministraba: la antigua Creta.  Creta, célebre por su corrupción y engaño, representaba un desierto moral. El orador romano Cicerón describió a los cretenses como personas que glorificaban el robo, y Pablo en Tito 1:12, citó a uno de ellos, a su propio profeta y dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas best...

Una oración sorpresiva

   Es fácil pensar que la oración requiere condiciones perfectas: silencio, tranquilidad y tiempo suficiente. Sin duda, esos momentos tienen un valor especial. Pero seamos sinceros: la mayoría de nuestros días no se parecen a eso.   Nehemías lo entendía bien.  Cuando llegamos al pasaje de hoy, no lo encontramos retirado en un lugar tranquilo. Está liderando una ciudad, resolviendo conflictos, tomando decisiones difíciles y supervisando la reconstrucción de Jerusalén. Su vida está llena de responsabilidades y exigencias.  Y, sin embargo, en medio de todo eso, eleva una sencilla oración: "¡Recuerda, Dios mío, todo lo que he hecho por este pueblo, y favoréceme!" (versículo 19). Lo sorprendente es que esta no fue una excepción. A lo largo de todo el libro encontramos pequeñas oraciones como esta. Son breves, sencillas y aparecen en medio de la acción. Nehemías había aprendido algo que muchos de nosotros olvidamos: la oración no siempre requiere apartarse de la vida....

Una oración desde el suelo

   ¿Alguna vez has llegado al punto en que ya no te quedan fuerzas para seguir?    ¡Elías si!  Horas antes había contemplado cómo Dios enviaba fuego del cielo sobre el monte Carmelo. Había visto una de las demostraciones más extraordinarias del poder de Dios. Sin embargo, bastó una amenaza de Jezabel para que terminara solo en el desierto, agotado, asustado y deseando que todo acabara.  Y fue bajo la sombra de un arbusto que Elías pronunció una de las oraciones más oscuras de toda la Escritura:  " ¡Estoy harto, Señor! Quítame la vida" (versículo 4).  No es una oración ejemplar; tampoco está llena de fe ni de esperanza. Es el clamor sincero de un hombre que ha llegado al límite.  Y precisamente ahí encontramos la belleza de esta historia.  Porque el consuelo de este pasaje no está en quien ora, sino en el Dios que escucha.   " Se internó en el desierto y, después de caminar todo un día, se sentó a descansar bajo un enebro. Con deseos...

Una oración sin palabras

   Muchos de nosotros hemos experimentado ambientes de iglesia llenos de sonido: música vibrante, voces elevadas y oraciones apasionadas. Y no hay nada malo en ello. La adoración expresada con alegría puede ser hermosa.   Sin embargo, a veces podemos llegar a creer, sin darnos cuenta, que las palabras más fuertes son las que captan la atención de Dios.   Ana sabía que no era así. Cuando la encontramos en el pasaje de hoy, lleva años cargando con una profunda tristeza. El anhelo de tener un hijo y las heridas acumuladas por la espera habían agotado su corazón. Una vez más, llega al templo en busca del Señor.   Entonces ocurre algo extraordinario. Ana ora, pero nadie puede escucharla.   Sus labios se mueven, pero no sale ningún sonido. Su dolor es tan profundo que las palabras parecen quedarse cortas. Elí observa la escena y la interpreta mal. Piensa que está ebria. No imagina, que delante de sus ojos, está ocurriendo uno de los encuentros más since...

La oración que abrió el paraíso

   Si alguien quisiera diseñar una clase magistral sobre la oración, probablemente no comenzaría con la escena que encontramos en el pasaje de hoy.  Lo más natural sería buscar a una persona con una sólida formación teológica o a alguien reconocido por su profunda vida devocional. Quizá estudiaría las grandes oraciones escritas a lo largo de la historia como Agustín, los puritanos o los místicos y admiraría la manera en la santidad puede expresarse con tanta profundidad y belleza.   Lo que difícilmente haría sería sentarse junto a un criminal clavado en una cruz romana y a pocos instantes de la muerte, para decir: " Observemos cómo este hombre ora."   Y, sin embargo, eso es exactamente lo que encontramos en el pasaje de hoy. Aquí se registra una de las oraciones más breves de toda la Biblia. No contiene una larga introducción, una explicación doctrinal elaborada ni señales de una vida religiosa ejemplar. Es simplemente un hombre moribundo que vuelve su rost...