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El arte perdido de la moderación

  Todos sentimos una gran admiración por las historias de atletas que superan la adversidad para alcanzar la grandeza porque nos motivan a creer que nosotros podemos hacerlo también.   Sólo por mencionar algunos ejemplos, tenemos el caso de Wlima Rudolph, que venció la polio y el racismo para convertirse en la primera mujer estadounidense en ganar tres medallas de oro en las Olimpiadas. O Bethany Hamilton quien a pesar de haber perdido un brazo en un ataque de tiburón a los 13 años, volvió al surf y se convirtió en una estrella, inspirando a millones de personas. También está Usain Bolt, quien a pesar de nacer con escoliosis, desafió todos los pronósticos para convertirse en el hombre más rápido del mundo.  Todas estas historias son impresionantes, pero a menudo pasamos por algo crucial: el sacrificio extraordinario, el autocontrol y la disciplina son necesarios para triunfar. Detrás de cada medalla de oro hay  momentos de restricción: decir no a la comodidad, a los ...

El arte perdido de la reverencia

   La reverencia parece ser algo cada vez más extraño en nuestra cultura actual. Hoy en día, desconfiamos de la autoridad, el respeto hacia los mayores ha disminuido y muchas veces cuestionamos por qué alguien merece nuestra consideración. Incluso cuando pensamos en Dios, a menudo lo vemos como un Padre amoroso o un amigo cercano, pero nos cuesta recordarlo como un Rey santo y perfecto. Sin embargo, aunque Dios sí es nuestro Padre y amigo, nunca debemos olvidar que también es nuestro Creador soberano.  Imagina que te invitan a reunirte con un jefe de Estado, un monarca o un primer ministro. ¿Cómo te prepararías para ese encuentro? Seguramente llegarías puntual, cuidarías tu apariencia y tu comportamiento, y sobre todo mostrarías respeto. De ninguna manera harías bromas ni actuarías de forma casual ante alguien tan importante, ¿verdad?   Ahora, medita en esto: si reaccionamos así ante líderes humanos, ¿cuánto más deberíamos honrar con nuestra conducta y nuestras ...

El arte perdido del arrepentimiento

  ¿Sabes qué significa arrepentirse? El arrepentimiento es una palabra que a menudo se malinterpreta. Quizás la asocias con juicio, culpa o temor. O tal vez la primera vez que la escuchaste fue en la voz de un predicador enojado o como una herramienta para hacerte sentir culpable. Sin embargo, el verdadero arrepentimiento, el que viene de Dios, no es un peso ni una condena, sino todo lo contrario: es un regalo liberador que nos lleva a estar más cerca de él.  Imagina esta escena; estás de campamento y la noche comienza tranquila y apacible. Pero a medianoche, estalla una tormenta. La lluvia golpea fuerte, el viento ruge, y te das cuenta de que cometiste un error: olvidaste revisar el clima. Estás perdido y el camino que tienes por delante se vuelve cada vez más peligroso. Entonces, ¿qué haces? Tomas una firma decisión: reconoces tu error, das la vuelta y regresas a casa.   Eso es arrepentirse. Es volver a Dios después de reconocer que estás en medio de una tormenta p...

Las artes perdidas

   ¿Alguna vez te has encontrado diciendo: " Ya no hacen las cosas como antes"? Aunque no lo hayas dicho, la pregunta sigue siendo interesante: ¿realmente el pasado tan bueno o todo lo nuevo es siempre mejor?   Vivimos en una cultura que persigue el progreso sin descanso, pero en el fondo, sabemos que no todo debería cambiar. Hay verdades, prácticas y virtudes que son inalterables, atemporales.  Este es el mensaje central del Señor en el pasaje de hoy. En medio de la búsqueda constante por un supuesto progreso, Dios llama a su pueblo rebelde a detenerse, reflexionar y regresar a sus caminos: los senderos de la fidelidad y la obediencia.  Estos "caminos antiguos", sin embargo, no son reliquias de un pasado olvidado, sino que han sido siempre la base de una vida plena y significativa. Cuando abrazamos las verdades eternas de Dios, encontramos caminos hermosos y esenciales que responden a nuestras necesidades más profundas. Lo que fue mejor para el pueblo de Dios e...

La riqueza de un corazón generoso

    Los versículos del pasaje de hoy parecen desafiar toda lógica humana.    Salomón escribe: "Unos dan a manos llenas y reciben más de lo que dan; otros retienen más de lo debido y acaban en la miseria."  A simple vista, parece una contradicción. Porque nuestra inclinación natural suele decirnos lo contrario. Pensamos que cuanto más guardamos, más seguros estaremos.  Que cuanto más acumulemos, menos nos faltará. Que proteger lo que tenemos es la mejor manera de garantizar nuestro futuro.   Sin embargo, la sabiduría de Dios nos muestra una realidad distinta.  El problema no es tener recursos. El problema es vivir aferrados a ellos. Y esto va mucho más allá del dinero.  "El que es magnánimo, prospera; el que sacia a otros, será saciado." (Proverbios 11:25).

Trabajando con propósito

   Es curioso que una de las lecciones más importantes sobre la sabiduría provenga de una criatura tan pequeña.   Salomón dirige nuestra atención hacia una hormiga. No hacia un rey, ni hacia un guerrero y tampoco hacia un sabio reconocido. Hacia una hormiga.  Y lo que la hace digna de observación no es su fuerza ni su inteligencia extraordinaria. Es su diligencia.  La hormiga trabaja sin que nadie tenga que perseguirla. No necesita supervisión constante. No espera a sentirse inspirada. Simplemente hace con fidelidad aquello para lo que fue creada.  Por eso Salomón nos invita a mirarla. Porque existe una diferencia importante entre tener responsabilidades y vivir con propósito.  Muchas personas pasan sus días ocupadas, pero no necesariamente avanzan. Corren de una tarea a otra, cumplen horarios, responden mensajes y atienden compromisos, pero terminan la jornada con la sensación de que algo sigue faltando.   " Perezoso, mira a las hormigas; fí...

Cuando el atajo parece el mejor camino

  Hay algo conmovedor en el pasaje de hoy. Antes de dar cualquier advertencia, Salomón habla como un padre que ama profundamente a su hijo. "Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre."   No son palabras de alguien que intenta controlar. Son las palabras de alguien que quiere proteger. Porque quienes han vivido lo suficiente saben algo que los más jóvenes aún están aprendiendo: no todos los caminos conducen al lugar que prometen. Por eso, después de hallar sobre la sabiduría que recibe de sus padres, Salomón añade una advertencia sencilla y directa:  "Hijo mío, si los pecadores quieren engañarte, no vayas con ellos."  Es interesante que Salomón no describa una amenaza evidente. No habla de algo que parezca peligroso a primera vista. La tentación rara vez funciona así.  " Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no menosprecies las enseñanzas de tu madre" (Proverbios 1:8).