La fidelidad de Jonatán
Vivimos en días de vínculos frágiles. Las promesas se hacen livianas, los compromisos se negocian y el amor se mide por conveniencia. Nuestra época sabe hablar de conexión, pero le cuesta mantener la lealtad. La Escritura, en cambio, nos ofrece otro camino. Después de la victoria de David sobre Goliat, fue llevado a la casa del rey Saúl. Allí nació una amistad profunda entre David y Jonatán. En un mundo de poder, herencias y tronos, Jonatán vio algo que pocos ven: la mano de Dios sobre otro hombre. Y donde la carne habría sembrado celos, él sembró fidelidad. Jonatán era el heredero natural. Podía aferrarse al futuro como quien aprieta una corona invisible. Pero él se alegro de la voluntad del Señor. Puso la fidelidad por encima de la ambición y el amor por encima del interés propio. No fue una amistad útil; fue una amistad cimentada en el compromiso. Más de una vez arriesgó su vida por David, aun a costa de la furia de su propio padre...