Entradas

Tomás: luchando contra la incredulidad

    Tomás es conocido como el discípulo que dudó. Pero el pasaje no lo presenta como un incrédulo permanente, sino como alguien que no estuvo presente cuando Jesús se apareció por primera vez.    Cuando los otros discípulos le dijeron: " Hemos visto al Señor", Tomás respondió con una condición clara: necesitaba ver y tocara para creer. No negó a Jesús, simplemente no podía creer a partir del testimonio de otros.   El texto no nos dice por qué Tomás reaccionó así; tampoco explica su estado interior ni sus motivos. Solo muestra un hecho: su fe quedó detenida en lo que podía comprobar por sí mismo.  Una semana después, Tomás estaba de nuevo con los discípulos.  Jesús se presentó, se puso en medio y habló de paz. Luego se dirigió directamente a Tomás; no lo expuso ni lo comparó con los demás. Le ofreció exactamente lo que había pedido: sus manos y su costado.  Pero junto con la invitación vino una palabra clara: "No seas incrédulo, sino hombre de fe."...

Santiago: el primero en morir por Jesús

    Entre los doce apóstoles había dos llamados Santiago. En el pasaje de hoy nos referimos a  Santiago, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, a quien en algunas versiones se lo llama Jacobo. Fue uno de los primeros en dejarlo todo para seguir a Jesús y uno de los que caminaron más cerca del Maestro.    Santiago y su hermano se acercan a Jesús con una petición clara. Querían un lugar a su derecha y otro a su izquierda cuando su reino se manifestara. No piden desde la maldad, sino desde una comprensión incompleta. Aman a Jesús, pero todavía no alcanzar a ver el camino que ese reino implica.   Entonces Jesús responde con una pregunta que no confronta con dureza, pero sí con verdad:   "¿Pueden beber la copa que yo bebo?" Ellos responden que sí, sin comprender del todo lo que esa copa significaba.   Jesús no discute con ellos ni promete lo que no puede conceder. Simplemente deja claro que su camino no se define por lugares de honor, sino por una entrega ...

Juan: el discípulo amado

    A Juan se le conoce como el discípulo amado. Pero no siempre fue así.    En el pasaje de hoy, Juan reacciona con dureza. Un pueblo samaritano rechaza a Jesús y él propone una respuesta extrema: ¡destruirlos! No habla desde la maldad, sino desde un celo desordenado. Cree estar defendiendo a su Maestro, pero todavía no comprende su corazón.    Entonces Jesús lo corrige, no porque Juan no lo ame, sino porque ese amor aún necesita ser purificado.  Aquí hay algo profundamente humano. Juan caminaba con Jesús, escuchaba sus palabras, veía sus obras.... y aún así, su reacción no reflejaba el espíritu de Cristo. Sin embargo, Jesús no lo aparta ni lo averguenza: al contrario, sigue caminando con él.   Con el tiempo, ese mismo Juan fue cambiando su manera de responder. La cercanía diaria con Jespus fue corrigiendo su carácter, mostrándole una forma distinta de tratar a las personas.  Años más tarde escribió sobre la luz, la vida y el amor de Dios co...

Pedro: un discípulo de contrastes

        Pedro vivía en los extremos. En un mismo momento podía confesar con claridad quién era Jesús.... y, minutos después, oponerse al camino que él anunciaba. En el pasaje de hoy vemos ambas escenas casi sin pausa. Primero, Pedro declara: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (versículo 16). Y Jesús afirmó que esa verdad no nació del razonamiento humano, sino de una revelación del Padre. Allí, por un momento, Pedro habló desde la revelación y no de sí mismo.    Pero poco después, cuando Jesús habló de sufrimiento, rechazo y cruz, Pedro lo tomó aparte y lo reprendió. El mismo discípulo que habló por fe ahora habla desde el miedo. El contraste es abrupto, casi incómodo y profundamente humano.    En Pedro convivían una fe sincera y una comprensión todavía parcial del propósito de Jesús. Amaba profundamente a Jesús, pero no podía aceptar la idea de que su Maestro tuviera que morir.    Jesús lo confrontó con palabras duras, no par...

Doce hombres improbables

     Antes de elegir a los doce discípulos, Jesús pasó toda la noche en oración.  No fue un gesto simbólico ni un detalle menor. Fue una vigilia larga, silenciosa, delante del Padre. La misión que estaba por comenzar no se decidiría por intuición ni por coneveniencia humana. El futuro de su obra sería confiado a doce vidas concretas, frágiles y profundamente imperfectas.    Cuando por fin amaneció, Jesús llamó a hombres muy distintos entre sí. Algunos eran pescadores rudos, acostumbrados al trabajo duro y a palabras ásperas. Uno había servido al sistema opresor cobrando impuestos. Otro pertenecía a un movimiento radical contra Roma. Había impulsivos, callados, idealistas, contradictorios. Ninguno parecía una elección obvia.    Y, sin embargo, fueron ellos los escogidos.   Jesús no eligió a los hombres más preparados, sino a los más disponibles. No buscó currículos espirituales, sino corazones dispuestos a caminar con él. La diversidad del gru...

Aviva la llama del don de Dios

   Iniciemos nuestro estudio recordando una hermosa verdad: ¡ Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros! Sé que a pesar de esta es una promesa que trae esperanza a nuestro corazón, también puede ser intimidante, sobre todo cuando nos sentimos perdidos y sin rumbo. Sin embargo, hay buenas noticias: ¡No estamos solos en nuestra misión!    La Escritura nos recuerda hoy un diálogo entre el apóstol Pablo y Timoteo, su joven aprendiz, en el que le pide que "avive la llama del don de Dios." Pero, ¿qué significa esto? ¡Es muy simple! El Señor sabe que seguirlo no es sencillo: implica esfuerzo e incluso, dejar atrás nuestro pasado, por tanto, ha enviado a su Espíritu para llenar nuestro corazón.    El Espíritu Santo es, en otras palabras, nuestro ayudador, quien nos da la seguridad de que no estamos solos, y quien nos proporciona dones para llevar a cabo todos los planes que Dios ha preparado para nuestra vida. Lo mejor de todo es que su Espíritu nos da exac...

Seguir a Jesús siempre valdrá la pena

  Imagina que hoy el Señor te pide dejar de lado algo que amas profundamente para seguirlo. Siendo sinceros, ¿cómo responderás a su petición? ¿Obedecerías inmediatamente y sin poner ninguna excusa?   La Escritura nos muestra a través de la historia de hoy, que escuchar la voz de Dios y seguirlo no solo se trata de recibir sus bendiciones, sino también de renunciar a todo lo que nos impide alcanzar nuestro propósito.    Cuando el joven rico se acercó a Jesús, estaba lleno de pasión por conocerlo y deseaba ser piadoso. Incluso, la Biblia nos dice que él llegó corriendo y se postró delante de él. Pero cuando el Señor lo invita a desprenderse de todas sus riquezas, nos damos cuenta cómo su actitud entusiasta desaparece. El joven, que inicialmente muestra un corazón dispuesto a adorar a Jesús, termina frustrado, triste y después se aleja. El precio que tenía que pagar por seguir al Señor era demasiado alto para él.    La historia de este joven rico nos enseña qu...