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La tiranía de lo urgente

   ¿Alguna vez has terminado con el día con la sensación de que hiciste muchas cosas... pero descuidaste las más importantes?   Vivimos rodeados de responsabilidades. Hay mensajes por responder, pendientes por resolver y personas que necesitan algo de nosotros. Sin darnos cuenta, empezamos a creer que vivir ocupados es lo mismo que vivir con propósito.  Marta también lo creyó.  Cuando Jesús llegó a su casa, ella hizo lo que cualquiera habría hecho: comenzó a servir. Preparó todo para recibirlo de la mejor manera posible. Su deseo era bueno.  Pero, en medio de tanta actividad, ocurrió algo que ella no advirtió. Estaba tan ocupada preparando todo para Jesús... que dejó de disfrutar a Jesús.  Qué fácil es que también nos ocurra a nosotros.  Podemos llenar nuestros días de responsabilidades, servir a los demás e incluso hacer muchas cosas para Dios... y aún así, descuidar lo más importante: estar con él.   " Jesús le respondió: Marta, Marta, está...

Deseando las cosas equivocadas

   Imagina que llegas a casa con muchísima hambre. Sobre la mesa ves un plato que parece delicioso. Lo pruebas... y descubres que es de plástico.   Sé que suena absurdo, pero ahora imagina que, aun así, sigues comiéndolo hasta olvidar el sabor de la comida verdadera.   Eso es exactamente lo que describe Isaías.  Con amor, Dios le pregunta a su pueblo:  "¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su trabajo en lo que no satisface?"  Es la pregunta de un Padre que ve a sus hijos buscando vida donde nunca podrán encontrarla.  Y, si somos honestos, también es una pregunta para nosotros.  Vivimos rodeados de cosas que prometen llenarnos: entretenimiento, reconocimiento, redes sociales o distracciones que mantienen nuestra mente ocupada. Nos ofrecen una satisfacción momentánea, pero el vacío siempre regresa.   " Todos ustedes, los que tienen sed: Vengan a las aguas, y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y co...

El costo oculto

   Ayer descubrimos que la distracción moldea nuestro corazón. Hoy veremos otra verdad igual de importante: la distracción siempre tiene un costo.  El problema es que casi nunca lo vemos.  Cuando una distracción ocupa nuestra atención, no solo perdemos unos minutos. También dejamos de invertir ese tiempo en algo que realmente podía transformar nuestra vida.  Cada vez que decimos "sí" a una cosa, también decimos "no" a otra cosa.  Quizá sea una oración que dejamos para más tarde.  Un momento de calidad con nuestra familia. Un acto de obediencia o simplemente un instante de silencio en el que Dios quería hablar a nuestro corazón.  Eso fue lo que comprendió Nehemías.  Mientras reconstruía las murallas de Jerusalén. sus enemigos intentaron apartarlo de la obra que Dios le había confiado. Una y otra vez lo llamaron para que abandonara su misión.   "me mandaron un mensaje que decía: Queremos reunirnos contigo en alguna de las aldeas del campo ...

Una vida dispersa

   ¿Te sientes distraído o distraída hoy? ¿Cómo si tu mente nunca terminara de descansar o como si siempre hubiera algo reclamando tu atención? No eres el único ni la única.  Vivimos en un mundo diseñado para fragmentar nuestra atención. Cada notificación, cada pantalla y cada preocupación compiten por ocupar un lugar en nuestro corazón. Y poco a poco terminamos aceptando esa dispersión como si fuera normal.  Pero Dios nunca nos creó para vivir así.  Durante esta semana vamos a recuperar algo que quizá ni siquiera sabíamos que habíamos perdido: una atención capaz de permanecer en la presencia de Dios.  Sin embargo, antes de cambiar nuestros hábitos, necesitamos comprender algo mucho más profundo.  La distracción no es simplemente un problema de disciplina.   Es un problema de adoración. Cada día, algo está formando nuestro corazón. Todo aquello a lo que prestamos atención va moldeando nuestros deseos, nuestros pensamientos y, finalmente, la person...

El arte perdido de la autenticidad

  Un estudio reciente de 2023, realizado con mil participantes de la Generación Z, reveló algo alarmante: el impacto de las comparaciones en línea es devastador. Un 92% de los encuestados admitió haber experimentado consecuencias negativas después de compararse con otros en redes sociales, y la mitad de ellos reportó baja autoestima o problemas de ánimo como resultado. Lo cierto es que estas comparaciones a menudo nos dejan sintiéndonos inseguros, insatisfechos y descontentos con nuestra vida o apariencia.   Sin embargo, la ironía de estas dolorosas estadísticas es que las personas con las que nos comparamos suelen mostrar solo una versión idealizada de la realidad. Uno de los investigadores lo expresó así: "La redes sociales increíbles para unir a las personas y dar voz a quienes no las tienen, pero también pueden ser una exhibición increíblemente falsa,una colección de los mejores momentos, y a menudo, olvidamos eso."   Vivimos atrapados en una cultura de apariencias, e...

El arte perdido de la moderación

  Todos sentimos una gran admiración por las historias de atletas que superan la adversidad para alcanzar la grandeza porque nos motivan a creer que nosotros podemos hacerlo también.   Sólo por mencionar algunos ejemplos, tenemos el caso de Wlima Rudolph, que venció la polio y el racismo para convertirse en la primera mujer estadounidense en ganar tres medallas de oro en las Olimpiadas. O Bethany Hamilton quien a pesar de haber perdido un brazo en un ataque de tiburón a los 13 años, volvió al surf y se convirtió en una estrella, inspirando a millones de personas. También está Usain Bolt, quien a pesar de nacer con escoliosis, desafió todos los pronósticos para convertirse en el hombre más rápido del mundo.  Todas estas historias son impresionantes, pero a menudo pasamos por algo crucial: el sacrificio extraordinario, el autocontrol y la disciplina son necesarios para triunfar. Detrás de cada medalla de oro hay  momentos de restricción: decir no a la comodidad, a los ...

El arte perdido de la reverencia

   La reverencia parece ser algo cada vez más extraño en nuestra cultura actual. Hoy en día, desconfiamos de la autoridad, el respeto hacia los mayores ha disminuido y muchas veces cuestionamos por qué alguien merece nuestra consideración. Incluso cuando pensamos en Dios, a menudo lo vemos como un Padre amoroso o un amigo cercano, pero nos cuesta recordarlo como un Rey santo y perfecto. Sin embargo, aunque Dios sí es nuestro Padre y amigo, nunca debemos olvidar que también es nuestro Creador soberano.  Imagina que te invitan a reunirte con un jefe de Estado, un monarca o un primer ministro. ¿Cómo te prepararías para ese encuentro? Seguramente llegarías puntual, cuidarías tu apariencia y tu comportamiento, y sobre todo mostrarías respeto. De ninguna manera harías bromas ni actuarías de forma casual ante alguien tan importante, ¿verdad?   Ahora, medita en esto: si reaccionamos así ante líderes humanos, ¿cuánto más deberíamos honrar con nuestra conducta y nuestras ...