Entradas

La persona que Dios usó

  ¿Alguna vez te has detenido a pensar en quién fue la primera persona que te habló de Jesús? Quizá fue un familiar que nunca dejó de orar por ti. Tal vez un amigo que apareció justo a tiempo. Un pastor, un maestro o incluso alguien con quien solo hablaste unos minutos.  Es curioso, pero hay personas que entran en nuestra vida sin hacer mucho ruido y, sin embargo, terminan cambiando nuestra historia para siempre.  Con el paso del tiempo descubrimos que aquello no fue casualidad. Dios ya estaba obrando mucho antes de que pudiéramos verlo.  Eso mismo sucede en el libro clásico de la literatura cristiana "El progreso del peregrino." Al comienzo del viaje aparece un hombre llamado Evangelista. Él no puede recorrer el camino del protagonista ni cargar con el peso que lleva sobre sus hombros. Pero hace algo que cambia su vida para siempre: le muestra donde encontrar la salvación.  ¡Es hermoso pensar que Dios siga obrando de esa manera!   En el pasaje de hoy, Jesú...

He perdido el asombro

   ¿Recuerdas cómo era tu fe cuando conociste a Jesús?  Quizás no sabías mucho sobre la Biblia. Tal vez todavía tenías muchas preguntas. Pero había algo que llenaba tu corazón: el asombro de descubrir que Dios te amaba más de lo que imaginabas. Con el paso del tiempo, la vida sigue adelante. Llegan las responsabilidades, los problemas, las decepciones y las prisas. Seguimos creyendo en Jesús, pero poco a poco otras cosas empiezan a ocupar el centro de nuestra atención.   No perdemos la fe de un día para otro. Simplemente dejamos de volver al lugar donde todo comenzó.  Por eso me conmueve que Pablo escriba estas palabras a una iglesia que ya conocía de Cristo. No les presenta una nueva enseñanza ni una experiencia diferente. Les recuerda el evangelio que un día recibieron y en el cual seguían firmes. Como si les dijera:   "No olviden aquello que transformó su vida."   " En primer lugar, les he enseñado lo mismo que yo recibí: Que, conforme a las Es...

Aprendiendo a estar presente

   Vivimos en un mundo que nunca se detiene.  Siempre hay algo que hacer, una preocupación que resolver o una nueva distracción que reclama nuestra atención. Poco a poco, nuestra mente se llena de ruido y nuestro corazón olvida dónde encontrar descanso.  Por eso las palabras del pasaje de hoy siguen siendo tan necesarias.  Lo más sorprendente es que este salmo no fue escrito en un momento de tranquilidad. Habla de montañas que se derrumban, mares embravecidos y naciones enteras sacudidas por el caos. Y, sin embargo, en medio de ese escenario, Dios pronuncia una de las invitaciones más hermosas de toda la Biblia:    "Quédense quietos y reconozcan que Yo soy Dios." ¡Qué diferente es la paz de Dios! El mundo nos dice que solo podremos descansar cuando desaparezcan los problemas. Dios nos invita a descansar porque él permanece, aun cuando los problemas siguen ahí. Su paz no nace de la ausencia de problemas. Nace de su presencia.   " ¡Alto! ¡Reconozcan...

La tiranía de lo urgente

   ¿Alguna vez has terminado con el día con la sensación de que hiciste muchas cosas... pero descuidaste las más importantes?   Vivimos rodeados de responsabilidades. Hay mensajes por responder, pendientes por resolver y personas que necesitan algo de nosotros. Sin darnos cuenta, empezamos a creer que vivir ocupados es lo mismo que vivir con propósito.  Marta también lo creyó.  Cuando Jesús llegó a su casa, ella hizo lo que cualquiera habría hecho: comenzó a servir. Preparó todo para recibirlo de la mejor manera posible. Su deseo era bueno.  Pero, en medio de tanta actividad, ocurrió algo que ella no advirtió. Estaba tan ocupada preparando todo para Jesús... que dejó de disfrutar a Jesús.  Qué fácil es que también nos ocurra a nosotros.  Podemos llenar nuestros días de responsabilidades, servir a los demás e incluso hacer muchas cosas para Dios... y aún así, descuidar lo más importante: estar con él.   " Jesús le respondió: Marta, Marta, está...

Deseando las cosas equivocadas

   Imagina que llegas a casa con muchísima hambre. Sobre la mesa ves un plato que parece delicioso. Lo pruebas... y descubres que es de plástico.   Sé que suena absurdo, pero ahora imagina que, aun así, sigues comiéndolo hasta olvidar el sabor de la comida verdadera.   Eso es exactamente lo que describe Isaías.  Con amor, Dios le pregunta a su pueblo:  "¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su trabajo en lo que no satisface?"  Es la pregunta de un Padre que ve a sus hijos buscando vida donde nunca podrán encontrarla.  Y, si somos honestos, también es una pregunta para nosotros.  Vivimos rodeados de cosas que prometen llenarnos: entretenimiento, reconocimiento, redes sociales o distracciones que mantienen nuestra mente ocupada. Nos ofrecen una satisfacción momentánea, pero el vacío siempre regresa.   " Todos ustedes, los que tienen sed: Vengan a las aguas, y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y co...

El costo oculto

   Ayer descubrimos que la distracción moldea nuestro corazón. Hoy veremos otra verdad igual de importante: la distracción siempre tiene un costo.  El problema es que casi nunca lo vemos.  Cuando una distracción ocupa nuestra atención, no solo perdemos unos minutos. También dejamos de invertir ese tiempo en algo que realmente podía transformar nuestra vida.  Cada vez que decimos "sí" a una cosa, también decimos "no" a otra cosa.  Quizá sea una oración que dejamos para más tarde.  Un momento de calidad con nuestra familia. Un acto de obediencia o simplemente un instante de silencio en el que Dios quería hablar a nuestro corazón.  Eso fue lo que comprendió Nehemías.  Mientras reconstruía las murallas de Jerusalén. sus enemigos intentaron apartarlo de la obra que Dios le había confiado. Una y otra vez lo llamaron para que abandonara su misión.   "me mandaron un mensaje que decía: Queremos reunirnos contigo en alguna de las aldeas del campo ...

Una vida dispersa

   ¿Te sientes distraído o distraída hoy? ¿Cómo si tu mente nunca terminara de descansar o como si siempre hubiera algo reclamando tu atención? No eres el único ni la única.  Vivimos en un mundo diseñado para fragmentar nuestra atención. Cada notificación, cada pantalla y cada preocupación compiten por ocupar un lugar en nuestro corazón. Y poco a poco terminamos aceptando esa dispersión como si fuera normal.  Pero Dios nunca nos creó para vivir así.  Durante esta semana vamos a recuperar algo que quizá ni siquiera sabíamos que habíamos perdido: una atención capaz de permanecer en la presencia de Dios.  Sin embargo, antes de cambiar nuestros hábitos, necesitamos comprender algo mucho más profundo.  La distracción no es simplemente un problema de disciplina.   Es un problema de adoración. Cada día, algo está formando nuestro corazón. Todo aquello a lo que prestamos atención va moldeando nuestros deseos, nuestros pensamientos y, finalmente, la person...