Un padre generoso
Como sabes estamos en pleno auge de la temporada navideña, y es muy fácil dejarnos llevar por el consumismo y la acumulación. Ayer aprendimos que estas prácticas nos impulsan a desear cada vez más y más, olvidando que son solo deseos efímeros que no llenan verdaderamente nuestro corazón y nos dejan en una constante insatisfacción. Además, por si esto fuera poco, vivimos en una sociedad que insiste en decirnos que la felicidad se encuentra en lo que poseemos, no en lo que somos.
Precisamente en estas fechas, esa idea se vuelve aún más relevante debido a la presión de comprar y acumular. Entonces, ¿cómo podemos liberarnos de esta corriente tan fuerte que nos arrastra sin rumbo?
Bueno, a partir de hoy y en los próximos días, responderemos pacientemente a esta importante pregunta.
La primera respuesta comienza, evidentemente, con Dios. Si queremos resistir a la avaricia que prevalece en nuestra cultura, debemos recordar la gran generosidad de nuestro Creador. Él en su gran amor nos amó tanto que dio a su único Hijo, Jesús, para darnos vida eterna y salvación a los que creen en Él y debemos imitar su amor para que otros lo vean a Él en nosotros.
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. " (Juan 3:16).
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