Sanado por una palabra
"Eso" que te hace pasar la noche en vela. "Eso" que te cansa. "Eso que parece no poder ser sanado o redimido, que se ve imposible, irreconciliable e irredimible. "Eso " se eleva con todo su peso sobre tu vida como un imponente rascacielos, abrumador y terriblemente desafiante.
Hasta que llevas "eso" a Jesús... como el influyente funcionario romano del pasaje de hoy. Este hombre tenía autoridad y riqueza como centurión. Su súplica era sincera y fue claramente expresada: es siervo estaba enfermo en casa, paralizado y atormentado. Su oración fue suficiente para poner en movimiento los pies de Jesús, que se volvió y caminó en dirección a la necesidad del siervo. Sin embargo, el funcionario romano detuvo a Jesús.
Él comprendía la naturaleza de la autoridad, de hecho, él mismo estaba bajo autoridad y también era un hombre con mucha autoridad. Cuando sus líderes daban órdenes, él escuchaba. Cuando él mismo daba instrucciones, sus soldados se ponían firmes. Nadie lo desafiaba ni lo cuestionaba. Y este oficial romano veía a Jesús como la máxima autoridad a la cual someterse. Por eso declaró: " basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano."
Que convicción y confianza observamos en las palabras de este funcionario romano. Él sabía que Jesús podía responder a la oración a distancia, y que no necesitaba estar cerca para que su voluntad se cumpliera. Jesús se alegró de que finalmente alguien pudiera ver y entender su autoridad sobre los cielos y la tierra.
Jesús siempre superará todo poder, problema y adversidad que enfrentes. Rendirse a la autoridad de Jesús y a su capacidad de actuar consume las ataduras y las oraciones sin respuesta como un fósforo encendido enciende una choza de paja.
" El centurión le respondió: Señor, yo no soy digno de que entres a mi casa. Porque yo también tengo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes. Si a uno le digo que vaya, va; y si a otro le digo que venga, viene; y y si le digo a mi siervo: Haz esto, lo hace. Al oír esto Jesús, se quedó admirado y dijo a los que lo seguían: De cierto les digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe." (Mateo 8:8-10).
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