Donde se rompe el corazón, empieza la sanidad

  Hay heridas que no siempre sanan bien. Fracturas mal consolidadas que limitan, duelen y deforman. En esos casos, el cirujano debe hacer lo impensable: romper para restaurar. Lo mismo hace Dios cuando encuentra corazones que han aprendido a funcionar sin él.

Eso es justamente lo que denuncia el profeta Joel en el pasaje de hoy. No una rebelión escandalosa, sino una fidelidad fragmentada. Un pueblo que aún lleva su nombre, pero ha dejado que su corazón se endurezca por la rutina, la religiosidad o el pecado escondido. Entonces, en el versículo 12, Dios clama con una ternura que desarma: " Vuélvanse a mí de todo corazón." Él no quiere espectadores, quiere hijos que regresen.

  Continúa... "Rásguense el corazón y no las vestiduras" (versículo 13). En otras palabras lo que Dios está diciendo es: no te vistas de arrepentido, arrepiéntete. No actúes con humildad; abrázala. No maquilles el alma: entrégala rota. Porque el arrepentimiento genuino no es teatro para Dios, es cirugía espiritual, y solo cuando el corazón se quiebra ante él, puede volver a latir como fue creado.

 No temas ese quebranto, pues es santo. Dios no humilla por placer, lo permite por amor. Porque donde hay lágrimas verdaderas, hay gracia abundante. Donde hay confesión sincera, hay restauración segura. Dios no desprecia al que vuelve: él lo recibe con fiesta.

 Así que hoy, no escondas aquello que sangra. No endurezcas lo que él quiere ablandar. No calles lo que necesitas confesar. El Dios que te llama es "bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor." Su juicio es real, pero su gracia es más grande.

 Regresa a Dios; no con palabras, sino con el corazón. Rómpelo si hace falta, porque él te está esperando, no para condenarte, sino para sanarte y restaurarte.

  Haz una pausa hoy, deja de justificarte. Examina tu alma con reverencia y valentía. Y si encuentras orgullo, pecado o frialdad... no los escondas. Entrégalos en oración a Dios, porque lo que entregas quebrantado, él lo devuelve restaurado.

  " Por eso, vuélvanse ya al Señor de todo corazón, y con ayuno, lágrimas y lamentos. Desgárrense el corazón, no los vestidos, y vuélvanse al Señor su Dios, porque él es misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia, y le pesa castigar." (Joel 2:12-13). 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

María, un ejemplo de obediencia

Poderoso para guardarte

No ames el mundo