El trono no es para dos

   Imagina que tu corazón es una sala del trono: un espacio sagrado, hecho por Dios, bello y profundo, diseñado para un único propósito. El trono en el centro de esta sala no es simbólico: es real; y fue hecho para él.

 Pero en demasiadas ocasiones, este trono está ocupado por otro. Quizás no lo dijimos en voz alta. Quizás ni siquiera nos dimos cuenta. Pero hay "algo o alguien" más reinando ahí.

 Ezequiel en el pasaje de hoy, nos expone sin rodeos. Los ancianos de Israel se presentan como quienen buscan a Dios. Desde fuera, parece devoción, pero el Señor mira más allá de la apariencia: "Estas personas han hecho de su corazón un altar de ídolos." No se trata de estatuas, sino de lealtades ocultas, de corazones divididos.

  La idolatría no es algo antiguo. Vive donde damos más valor, más confianza o más temor y reverencia que a Dios. Se viste de éxito, placer, control, apariencia. No grita. Se acomoda en silencio. Pero Dios no comparte el trono, no porque sea inseguro, sino porque es santo. " ¿Voy acaso a permitir que me consulte?" (versículo 3). No podemos pretender oír su voz si hemos dado su lugar a un impostor.

 Sin embargo, su justicia no apaga su gracia. El versículo 6 dice: "Arrepiéntanse! Apártense de una vez por todas de su idolatría." Este es el corazón de Dios: un Rey que no abandona, un Padre que llama al regreso. El arrepentimiento no es verguenza. Es limpieza. Es libertad. Es volver a poner las cosas en su lugar.

  Hoy, mira tu interior con sinceridad. ¿Qué está reinando allí? ¿A qué o a quién le has dado tu lealtad?

  Haz una pausa. Revisa el trono. Derriba lo que no es eterno y permite que el Rey tome su lugar.

  " Hijo de hombre, en lo íntimo de su corazón estos hombres adoran a los ídolos. ¡En la cara se les ve el tropiezo de su maldad! ¿Y todavía he de permitir que vengan a consultarme? Por lo tanto, dile de mi parte al pueblo de Israel: Apártense de sus ídolos y vuélvanse al Señor su Dios. Vuélvanles la espalda a sus acciones repugnantes. " (Ezequiel 14:3,6).

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