La parábola de la semilla que crece
¿Sabías que el pasto crece por la noche? Durante el día podemos hacer un trabajo útil como: fertilizar el suelo, regar el gramado y esforzarnos para eliminar las malas hierbas que lo invaden. Sin embargo, si comprendemos la biología del crecimiento, sabremos cómo perjudicar a o inhibir el desarrollo de la grama. Al final, gran parte del crecimiento ocurre sin nuestra ayuda. Las semillas pueden germinar y madurar sin la intervención de nuestras manos y ojos vigilantes.
Del mismo modo, podemos sembrar y regar, pero al final es Dios quien da el crecimiento. Hay un límite para lo que podemos hacer: el pasto continúa con su crecimiento por la noche y se desarrolla mejor cuando nuestras manos están fuera del arado. Esta verdad puede servir como un llamado tanto para la humildad, como para el descanso. Es Dios quien está a cargo, no nosotros. Dios da el crecimiento, nosotros no. Dios está trabajando, incluso cuando nosotros no lo hacemos. De hecho, ¡Dios trabaja mejor cuando estamos fuera de servicio! Entonces, tal vez, nuestra actitud sea confiar, descansar y regocijarnos en todo lo que Dios puede hacer.
Esta parábola es acerca del reino de Dios en el mundo. Pero el principio también se aplica al reino de Dios que produce crecimiento espiritual en el caminar del creyente. El punto clave de la parábola es que, a pesar de que nosotros sembremos la semilla y veamos como crece el tallo, la espina y el grano, sin que sepamos cómo, podemos tener la certeza de que nada está bajo nuestro control y que, es Dios quien da el crecimiento.
Todo este proceso de crecimiento es un milagro y nosotros no tenemos el control total sobre esto. Sin duda, no debemos ser pasivos, pero la obra espiritual definitiva le pertenece a Dios. El reino de Dios está presente hoy y también es una esperanza en el horizonte, algo por lo cual debemos esperar ansiosamente.
Si Dios tiene el control del crecimiento de las plantas y las flores del campo, ¿cómo no se va a preocupar por el tuyo? Ten la tranquilidad de descansar y confiar en que tu esfuerzo fructificará por la gracia de Dios.
" Jesús dijo también: El reino de Dios es como cuando un hombre arroja semilla sobre la tierra: ya sea que él duerma o esté despierto, de día y de noche la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo." (Marcos 4:26-27).
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