No más migajas, ven al banquete
¿Te has puesto a pensar que actualmente vivimos como mendigos del alma? Nos sentimos satisfechos con lo que no nutre y entretenidos con lo que no transforma. Como dijo C.S. Lewis, somos niños felices haciendo pasteles de barro en un basurero, incapaces de imaginar el gozo de un océano. Y si, así estamos: ciegos a la plenitud, acostumbrados al vacío.
En el pasaje de hoy, Isaías nos sacude con un llamado celestial. Dios clama en medio del mercado ruidoso de este mundo, donde todo se compra y se gasta, pero nada llena: "¡Vengan, sedientos! ¡Vengan, aunque no tengan dinero! Coman. Beban. Sin costo." Esta es una invitación para los que ya no tienen nada... pero siguen teniendo sed.
Luego en el versículo 2, como quien despierta a quien estaba dormido, Isaías lanza esta pregunta que atraviesa toda alma honesta: " ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface?" ¿Por qué seguimos invirtiendo nuestras fuerzas en lo que nos deja rotos, cansados, vacíos?
Llamamos pan a distracciones. Llamamos vida a la rutina. Llamamos plenitud a logros fugaces. Pero el alma no miente. Cuando se apaga la pantalla, cuando se cierra la puerta, cuando el éxito no basta, el silencio nos habla: estamos hambrientos de algo que el mundo no puede darnos.
" Todos ustedes, los que tienen sed: Vengan a las aguas; y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y compren vino y leche, sin que tengan que pagar con dinero. ¿Por qué gastan su dinero en lo que no alimenta, y su sueldo en lo que no sacia? Escúchenme bien, y coman lo que es bueno; deléitense con la mejor comida." (Isaías 55:1-2).
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