Convierte a Dios en protagonista
En días anteriores hablamos sobre lo peligroso que resulta basar nuestra identidad en las opiniones y palabras de los demás. Si permitimos que nuestro valor esté determinado por lo que la gente piensa de nosotros será imposible vivir y tener una correcta y saludable identidad. En cambio, si creemos con todo nuestro corazón en la identidad que Dios nos da, viviremos como sus hijos amados y elegidos, seguros de quiénes somos y libres para ser y hacer su voluntad.
Vivir de acuerdo a lo que Dios dice de nosotros no siempre es una tarea fácil. Tal vez te preguntarás: ¿cómo podemos aprender a dar prioridad a su voz sin importar las opiniones de los demás? ¿Cómo basar nuestra identidad en Dios sin importar nada más?
Hay una forma de hacerlo que nunca falla, tenemos que anclar nuestra vida en la palabra de Dios. Sin una base sólida, seremos arrastrados fácilmente por todo aquello que insiste en alejarnos en lo que Dios dice que somos.
El pasaje de hoy habla precisamente del "temor al hombre". Y es que muchas veces, nuestro corazón está dominado por el deseo de agradar a otros y por el miedo que acarrea no conseguirlo. Lo peor es que esto suele afectar nuestro autoestima y nos encierra en un ciclo de ansiedad e inseguridad. Vivir buscando constantemente la aprobación de los demás, nos esclaviza a sus opiniones, y nos roba la capacidad de mirarnos como Dios nos ve. Pero no todo está perdido, Dios nos ofrece una forma de salir de esta trampa, un camino para encontrar la verdadera libertad en él.
" El miedo a los hombres es una trampa, pero el que confía en el Señor es exaltado." (Proverbios 29:25).
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