Cuando el corazón quiere ser Dios
El corazón humano, por hermoso que parezca en la superficie, realmente es una bestia salvaje cuando se le deja gobernar. Tiene el poder de disfrazar al egoísmo de autenticidad, a la rebeldía de libertad, y a la necedad de valentía. Por eso, cuando nuestra cultura nos dice: "Sigue a tu corazón", no está regalándonos sabiduría, sino envolviéndonos en una trampa con papel brillante.
Detrás de frases conocidas como la de Steve Jobs: "Ten el coraje de seguir a tu corazón y tu intuición", se esconde una mentira muy antigua: que dentro de ti está la verdad, y que nadie debe corregirte, ni siquiera Dios. Pero esa no es la voz del evangelio. Esa es la voz del Edén, la que susurró a Eva que ella podía decidir por sí misma lo que era bueno y malo.
Hoy, ese susurro sigue repitiéndose. Nos invita a convertirnos en nuestro propio dios, a tomar el timón de la vida con la promesa de que así encontraremos sentido. Pero el resultado es el mismo de siempre: confusión, orgullo, vacío.... y esclavitud. El versículo 9 del pasaje de hoy no endulza la realidad: "Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?"
¡No necesitas seguir a tu corazón! Necesitas que Dios lo sustituya; y eso es justamente lo que él promete hacer: "Les daré un nuevo corazón y derramaré un espíritu nuevo entre ustedes" (Ezequiel 36:26).
"El corazón es engañoso y perverso, más que todas las cosas. ¿Quién puede decir que lo conoce? Lo conozco yo, el Señor, que escudriño la mente y pongo a prueba el corazón, que pago a cada uno según su conducta y según el resultado de sus obras. " (Jeremías 17:9-10).
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