Dar con alegría
La generosidad, cuando es forzada, deja de ser generosidad. Se vuelve un impuesto religioso. Un acto hueco que pesa más de lo que transforma. Y eso no es lo que Dios desea.
¿Alguna vez has recibido un regalo que parecía más una obligación que una expresión de amor? Algo en ti lo intuye: el gesto está, pero el corazón no. Lo mismo ocurre cuando damos a Dios o a otros sin gozo. El acto está... pero el alma está ausente. Y Dios, que mira el corazón, no se complace en la apariencia del dar, sino en su alegría.
Pablo lo dice con claridad en 2 Corintios 9: " Repartió sus bienes entre los pobres; su justicia permanece para siempre." Dar con alegría no es dar sin sacrificio, es dar con libertad. Es sembrar con esperanza. Es confiar más en el Proveedor que en la provisión.
Pablo no está promoviendo una teología de riqueza fácil. Está revelando una ley del reino: quien siembra en fe, cosecha en gracia. Quien suelta por obediencia, recoge en bendición. No porque Dios deba nada, sino porque él es generoso por naturaleza, y su economía se basa en el dar.
" Pero recuerden esto: El que poco siembra, poco cosecha; y el que mucho siembra, mucho cosecha. Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quien da con alegría. " (2 Corintios 9:6-7).
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