Haz del perdón tu arma

    C.S. Lewis escribió una vez: "Todos piensan que el perdón es una idea encantadora... hasta que tienen algo que perdonar." Nada revela tanto la tensión entre el cielo y la tierra como esa frase. Perdonar suena hermoso... hasta que se vuelve personal. Hasta que el daño tiene nombre y rostro. 

  La idea del perdón nos inspira: cargas aligeradas, relaciones restauradas, almas en paz. Pero cuando toca nuestra herida, cuando la traición aún sangra o la decepción todavía arde, perdonar parece injusto; es como soltar a quién nos hirió sin consecuencias. Como si estuviéramos diciendo: "Lo que hiciste no fue grave." Pero no es así.

 Jesús no nos llama a minimizar el dolor. Nos llama a entregarlo al único que puede sanarlo. Pedro, en Mateo 18, cree estar siendo generoso al preguntar si debe perdonar hasta siete veces. Pero Jesús va más allá: " No hasta siete, sino hasta setenta y siete veces." Es decir: no lleves la cuenta. Haz del perdón tu forma de vivir.

 Esto no se trata de ignorar la justicia o soportar lo insano. Jesús no romantiza el daño. Él lo redime. Y el perdón es uno de los caminos que nos liberan de las cadenas del rencor, el orgullo y la amargura.

 Perdonamos porque hemos sido perdonados. No porque sentimos que el otro lo merece, sino porque Cristo nos perdonó cuando no lo merecíamos. Él tomó sobre sí la culpa, para que nosotros no carguemos con  la de otros.

 " Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete." (Mateo 18:21-22)

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