Menos pantalla, más presencia divina
En un artículo reciente, la autora cristiana Kathryn Misenheimer reflexiona sobre el cambio rotundo que tuvo en su vida al reducir intencionalmente el uso de su smartphone. Su testimonio resuena con lo muchos intuimos en lo profundo del alma: algo dentro de nosotros muere lentamente bajo el brillo constante de una pantalla. Y sin embargo, nos cuesta soltarla. ¿Por qué? Vivimos en una era donde los dispositivos se han convertido en ídolos silenciosos. Fragmentan nuestra atención, alimentan nuestras ansiedades, ahogan el sosiego, y entorpecen nuestra comunión con Dios. Queremos oír la voz del Creador... pero nos hemos vuelto esclavos del ruido creado por el hombre.
No basta con desear el cambio. Hoy es el día para tomar una decisión radical: ¡esto se detiene ahora! Si anhelamos salud espiritual y mental necesitamos, urgentemente, desconectarnos del mundo para volver a conectar con lo divino.
Jesús no tuvo que lidiar con smartphones, pero vivía rodeado de multitudes y demandas constantes. Y sin embargo, eligió una rutina sagrada: retirarse en soledad. Esto se describe en Lucas 5:16 con una frase reveladora:
"Él, por su parte, solía retirarse a lugares solitarios para orar."
Si el Hijo de Dios necesitaba ese espacio de silencio y comunión... ¿cuánto más lo necesitamos nosotros? No se trata solo de desconectarse de un aparato, sino de sintonizar el alma con la frecuencia de nuestro Señor.
"Pero su fama seguía extendiéndose, y mucha gente se reunía para escucharlo y para que los sanara de sus enfermedades; pero Jesús se retiraba a lugares apartados para orar. " (Lucas 5:15-16).
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