Agua viva para almas cansadas

   Imagina un camino seco y polvoriento... Has estado caminando largas horas bajo el mediodía. El calor es tan fuerte que calienta hasta las piedras. El sudor te corre por la frente, no te queda agua, estás deshidratado y tu vista comienza a nublarse. Todo a tu alrededor es árido. Hasta que otro viajero se acerca y pone en tus manos una jarra de barro con agua fresca de manantial. El líquido está frío, bebes lento, profundo. Y de pronto, todo en ti despierta, como si la vida estuviera volviendo.

  Esa es la imagen que David usa cuando escribe: "La ley del Señor es perfecta: infunde nuevo aliento" (Salmo 19:7). La palabra hebrea para "infundir" significa restaurar completamente, devolver la vida. La Biblia no es solo un libro con información sobre Dios. Es una fuente viva que reanima el corazón, inspirada por el mismo aliento de Dios.

 Sin embargo, en una era de sobrecarga mental, notificaciones constantes y espiritualidad en formato breve, leer la Biblia puede sentirse muy distinto a esto. A menudo lo hacemos con prisa, sin profundidad, como si fuera un deber cristiano más que una obra maestra. Al estar tan distraídos, la experiencia se vuelve árida... y bajamos nuestras expectativas o incluso dejamos de intentarlo. Sin quererlo, nos privamos de la palabra que fue diseñada para nutrirnos y buscamos estímulos menores que nunca saciarán nuestra verdadera sed.

 Hoy, David nos recuerda que la Biblia tiene el poder de renovar el alma, si le damos un lugar. Es inspirada por Dios, cargada del mismo poder creador que formó los cielos. En sus páginas encontramos a Jesús, la palabra hecha carne, que aún hoy dice: "Vengan a mí... y yo les daré descanso" (Mateo 11:28). La Escritura nos lleva de vuelta a Dios, al centro, a una comunión y al descanso que necesitamos.

  " La ley del Señor es perfecta: reanima el alma. El testimonio del Señor es firme: da sabiduría al ingenuo. " (Salmo 19:7).

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