Ancla en la tormenta
Una de las necesidades más profundas del ser humano es la seguridad. No solo física, sino existencial. Todos necesitamos algo o alguien en quien apoyarnos, algo que no tiemble cuando todo a nuestro alrededor se mueve. Y si no lo encontramos, vivimos agitados, como quien duerme con un ojo abierto: ansiosos, tensos, sin paz.
Por eso buscamos refugios. Corremos tras certezas: en relaciones, rutinas, logros, ideologías. En la opinión de otros. En el trabajo. En la salud. En un "yo" que proyectamos con cuidado.... hasta que todo se derrumba. Porque todo eso, por sólido que parezca, acaba fallando. El amor humano tropieza. La economía cae. Las verdades de ayer se cuestionan hoy. Incluso nuestros pensamientos y emociones fluctúan como el viento.
La pregunta es urgente: ¿hay algo que no cambia?¡Sí! La palabra de Dios.
El Salmo 19, nuestro guía esta semana, lo declara sin temblar : "Los decretos del Señor sin firmes; todos ellos son justos" (versículo 9). No son flexibles, tampoco maleables. Son firmes. La Escritura no busca aprobación y no necesita aplausos. Es la voz del Creador, establecida para siempre. Como una roca en medio del oleaje. Como un ancla en la tormenta.
"Sí, la hierba se seca, y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre. " (Isaías 40:8).
Comentarios
Publicar un comentario