Los dones según el libro de Romanos

  Todos recordamos los cumpleaños y las celebraciones familiares en las que se intercambian regalos y se hacen fiestas. El papel de regalo se rompe y se lanza por todas partes, la alegría llena el ambiente de júbilo y, tan pronto como aparece la ilusión, el regalo se deja a un lado para abrir el siguiente. Cuando no queda ningún regalo por abrir, hay una pila de nuevas posesiones para disfrutar.

  No es raro que algunos de estos regalos no se utilicen y queden en un armario desaprovechados y sin valor. Si la persona que entregó ese regalo supiera que dejaron su obsequio en el olvido, a pesar del gasto y la inversión que representó para ella, podría gritar: " ¡Por favor, usa mi regalo!" 

¿ Será que Dios, nuestro Padre celestial, se siente de la misma manera con los regalos espirituales que nos ha dado a nosotros, sus hijos? Al principio, arrancamos el papel de regalo en nuestra salvación, nos emocionamos, miramos el don y, con el tiempo, nos distraemos con otros dones y decidimos no tocarlos desde entonces.

  Pablo estaba preocupado por lo común que era esto para el creyente. Pidió a la iglesia de Roma que se consagrara plenamente y se entregara a Dios en la adoración con todo su ser, incluidos los dones que Jesús le había dado. Cuando nos entregamos plenamente a Jesús, los dones que él nos ha dado se transformarán en instrumentos al convertirnos en recipientes en sus manos para su voluntad y sus propósitos, a fin de glorificar su nombre, expandir su reino y servir a su pueblo.

  " Por la gracia que me es dada, digo a cada uno de ustedes que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con sensatez, según la medida de fe que Dios repartió a cada uno." (Romanos 12:3).

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