Obedece y edifica sobre roca
Nuestro día a día está cargado de información, pero escaso de sabiduría. En medio de tanta niebla mental, el Salmo 19:7 nos da un mensaje sencillo y glorioso: "Los mandatos del Señor son dignos de confianza; hacen sabio al sencillo." Esta sabiduría, sin embargo, no son palabras que suenan bien, sino un fundamento firme para la vida. Jesús lo ilustra al comparar a quien no escucha ni practica sus palabras con "un hombre insensato que construyó sobre la arena, y cuando llegaron la arena y los vientos, esta se derrumbó, y grande fue su ruina" (Mateo 7:26 y 27).
Sabio, no es el que sabe mucho, sino aquel que obedece. No se trata de títulos o diplomas. Se trata de rendición. La Escritura tiene el poder de formar un corazón firme en medio del caos. De moldear con suavidad una mente confundida. De transformar al inexperto en alguien maduro. ¿Cómo? Cuando pasamos de escuchar a obedecer.
Jesús mismo lo enseñó: el sabio no es el que oye sus palabras, sino el que las pone en práctica. Así se edifica una vida sobre roca. No por acumulación de versículos, sino una aplicación humilde. Cada acto de obediencia silenciosa es un ladrillo que fortalece tu casa espiritual. Las tormentas llegarán, pero no te destruirán. Porque estarás firme en la roca.
Hoy, más que nunca, necesitamos esa sabiduría que no se encuentra en redes, sino en la palabra de Dios. Vivimos bombardeados por voces que prometen éxito inmediato, pero no sostienen el alma. Cristo ofrece algo mejor: un camino angosto, sí, pero seguro. Su palabra no sólo nos enseña, sino que también nos transforma.
" La ley del Señor es perfecta: reanima el alma. El testimonio del Señor es firme: da sabiduría al ingenuo. Los preceptos del Señor son rectos: alegran el corazón. El mandamiento del Señor es puro: da luz a los ojos. " (Salmo 19:7-8).
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