Ámense los unos a los otros
Vivir para Dios cuando estás solo en tu habitación, en silencio, parece sencillo. Pero el verdadero examen de fe comienzan cuando otros entran en escena. Allí, donde el orgullo choca con la impaciencia, donde el ego busca tener la razón, donde la herida habla más fuerte que el perdón... es ahí donde el amor se pone a prueba.
Una oración con tintes de humor y una dosis de realidad, dice así: " Señor, hasta ahora no he perdido la paciencia, no he criticado a nadie, ni he caído en tentación. Pero en cuanto me levante de esta cama... voy a necesitar de tu ayuda."
Jesús lo sabía. Por eso no nos dio solo un ideal piadoso, sino un mandamiento urgente y tangible: "Ámense los unos a los otros." No como el mundo ama, de forma voluble, condicional o superficial, sino como él nos amo: con fidelidad, sacrificio y gracia.
En los evangelios y las cartas apostólicas, encontramos más de cincuenta instrucciones que nos llaman a relacionarnos "unos con otros": animarse, perdonarse, soportarse, cuidarse, servirse, cantarse. Pero este mandamiento lo resume todo. El amor mutuo no es un adorno; es la señal visible de que Cristo habita entre nosotros.
" Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen los unos a los otros. Así como yo les he amado, ámense también ustedes unos a otros. En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros." (Juan 13:34-35).
Comentarios
Publicar un comentario