Demos gracias a Dios por el don del compañerismo y la comunidad
Uno de los mayores problemas de la sociedad actual es la soledad. Frente a este panorama tan desolador, muchas empresas han comenzado a utilizar términos como "familia" o "comunidad" para describir su relación con los empleados. Sin embargo, cuando esas relaciones laborales se fundamentan únicamente en la productividad o en los contratos firmados, lo que se construye es cualquier cosa menos una comunidad genuina.
A lo largo de la Biblia, se relata el origen de la familia y nuestra capacidad innata de relacionarnos con los demás. La Escritura nos enseña que fuimos creados a imagen de un Dios relacional, lo que significa que estamos diseñados para vivir en una comunidad auténtica y genuina.
En el pasaje de hoy, Pablo nos recuerda en su carta a los hebreos la fuerza que encontramos al reunirnos con otros creyentes. La comunidad no solo nos ayuda a enfrentar los desafíos de la vida, sino que también nos brinda la oportunidad de apoyarnos y fortalecernos mutuamente. Piensa en esto: cuando te sientes desanimado, la fe de un amigo puede darte el impulso que necesitas. O, si atraviesas un proceso de estancamiento, unas palabras de aliento pueden ser justo lo que te inspire a dar el siguiente paso. ¡Estar en comunidad marca la diferencia! Sólo hay que congregarnos y ayudarnos unos a los otros.
" Tengámonos en cuenta unos a otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como es la costumbre de algunos, sino animémonos unos a otros; y con más razón ahora que vemos que aquel día se acerca." (Hebreos 10:24-25).
Comentarios
Publicar un comentario