Jesús sana a los ciegos

    Uno de los mayores peligros para cualquier creyente es concentrarse en aquello que no tiene, en lugar de enfocarse en lo que sí tiene. Nos quejamos de las habilidades que no poseemos, de las circunstancias que no queríamos y de las limitaciones que nos restringen y nos detienen.

  Lo que marca la diferencia es la actitud, por cada problema que tenemos, hay alguien más que tiene el mismo inconveniente, pero la diferencia es que le da la vuelta y usa el contratiempo como ingrediente para su éxito. En el pasaje de hoy, vemos a dos ciegos que se acercan a Jesús. No podían ver, y aun así, utilizaron lo que tenían: sus pies y un corazón dispuesto para seguir a Jesús en su interior - esa era la actitud necesaria para recibir la sanidad-. El versículo 27 dice: "dos ciegos lo siguieron." Aquello que les faltaba no fue un impedimento para usar lo que sí tenían.

   Lo fascinante de este pasaje en particular es el desarrollo de la revelación a los ciegos sobre quién es Jesús. En el versículo 27, invocan al "Hijo de David" para que se apiade de ellos. Este era un término muy utilizado en el primer siglo, y significaba que reconocían a Jesús como rabino y maestro. Pero, en el versículo 28, después de que Jesús les hace una pregunta, ellos responden diciendo: "Sí, Señor." En algún momento de su interacción con Jesús, recibieron la revelación de que él era más que un maestro sabio: era el sanador que podía tocar sus ojos y darles vista.

  " Cuando Jesús salió de allí, dos ciegos lo siguieron, y a gritos le decían: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Cuando Jesús llegó a la casa, los ciegos se le acercaron y él les preguntó: ¿Creen que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. " (Mateo 9:27-28).

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