Levantar a los caídos
Tenemos la lamentable costumbre de ser inflexibles y exigentes con los errores de los demás, pero flexibles y tolerantes con nuestros propios errores. A menudo, nos encontramos acusando y condenando a las personas que han cometido errores, cuando en realidad también cometemos las mismas fallas que estamos criticando. En los tiempos de Jesús, las cosas no eran diferentes, sin embargo él combatió esta actitud enseñándonos cómo debe ser nuestro comportamiento.
Jesús debatía a menudo con los dirigentes religioso de su tiempo, que, por lo general, no se acercaban a quienes consideraban pecadores de clase interior. Ellos se mantenían al margen, justificando su actitud con el argumento de que eran santos. Sin embargo, Jesús desmontó este falso argumento con su enseñanza y su comportamiento. Él, el único y verdadero santo, nunca rechazó estar junto a los pecadores que deseaban escucharlo y aprender de él.
En una ocasión, Jesús estaba en casa de un recaudador de impuestos. Los hombres que se dedicaban a esto, eran considerados traidores a la nación por trabajar para los romanos, recaudando impuestos de los judíos. Los fariseos, el grupo religioso de la época, criticaron a Jesús por estar en aquella casa comiendo con aquellas personas. Sin embargo, Jesús respondió diciendo que son los enfermos los que necesitan un médico; en otras palabras, él, siendo el Salvador de los pecadores, estaba donde debía estar, en medio de los pecadores para traer redención y perdón. Nosotros debemos imitar su ejemplo de amor y evitar señalar a los que están sin Cristo en su corazón.
" Al continuar su camino, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado donde se cobraban los impuestos, y le dijo: Sígueme. Y Mateo se levantó y lo siguió." (Mateo 9:9).
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