Pequeños estiramientos conducen a oportunidades milagrosas
A veces cuando te levantas por la mañana o te acuestas por la noche, ¿sientes que has fracasado en las distintas funciones que cumples en la vida? o ¿te sientes como si hubieras rendido menos de lo que debías, o que has excedido tus límites? En ocasiones, sentimos un gran descontento y las distracciones desvían nuestra capacidad de concentrarnos en Jesús y en nuestra relación con él.
En el pasaje de hoy, vemos como Jesús nos muestra cómo mantener las cosas simples, y lo bien que aplicó este principio en su propia vida y ministerio. Jesús realiza uno de sus muchos milagros, al entrar en la sinagoga el sábado y disponerse a enseñar. Mientras enseñaba, se dio cuenta de que un hombre tenía la mano derecha paralizada y lo llamó.
Jesús también era consciente de que no estaba solo. Los líderes religiosos y los fariseos observaban atentamente a Jesús, y conspiraban para que fuera arrestado y crucificado. Jesús, sabiendo lo que había en sus corazones, desafió sus actitudes y creencias y decidió realizar el más simple de los milagros en beneficio de este hombre.
Jesús le dijo: "extiende la mano." Con una simple instrucción, la mano de aquel hombre fue restaurada. Jesús no necesitó inspeccionar la mano, masajearla o tocarla, él simplemente dijo una palabra y su poder fue liberado. ¿Qué podría haber sucedido si el hombre no obedecía la instrucción de Jesús y no extendía su mano? ¿Qué hubiera pasado si él se dejaba influenciar por sus experiencias previas y encuentros con otras personas en su encuentro con Jesús? Él habría perdido el milagro y no tendría una mano completamente funcional.
Sólo nos toca obedecer y hacer lo que el Señor nos pide que hagamos para ver sus milagros.
" Pero Jesús, que sabía lo que pensaban, dijo al hombre que tenía la mano atrofiada: Levántate, y ponte en medio. El hombre se puso de pie, y Jesús dijo: Voy a preguntarles algo. ¿Qué está permitido hacer en los días de reposo? ¿El bien, o el mal?¿Salvar la vida, o quitar la vida? Miró entonces a los que estaban a su alrededor, y dijo al hombre: Extiende tu mano. Aquel hombre lo hizo así, y su mano quedó sana. " (Lucas 6:8-10).
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