Perdónense los unos a los otros

   Vivir para los demás suena noble... hasta que esos "demás" nos fallan. Amar es hermoso hasta que se mezcla con la traición, el enojo o la decepción. ¿Qué hacemos entonces? Pablo lo dice con claridad: abandonen la amargura, la ira, el enojo... y en su lugar, abracen la bondad, la compasión y el perdón. 

  Esto no es sentimentalismo. Es cirugía espiritual. Porque no hay comunión sin heridas, ni comunidad sin fricción. Amar como Cristo es caminar con el corazón expuesto, listo para ser golpeado... y aun así, seguir amando.

 C.S. Lewis advirtió: "Amar en absoluto es ser vulnerable." Es un riesgo. Pero no amar es aún peligroso: te endurece el alma, te encierra en ti mismo y te aparta de la gracia.

 Pablo no escribe desde la teoría. Él escribe desde la cárcel y desde ese lugar nos recuerda que el perdón no es una opción decorativa del cristianismo. Es su médula. Porque hemos sido perdonados en Cristo, ahora podemos perdonar. Porque él llevó nuestra peor ofensa, nosotros podemos soltar las pequeñas.

 " Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias, y todo tipo de maldad. En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo." (Efesios 4:31-32).

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