Recordar los milagros de Dios

   Cada nación tiene sus celebraciones, conmemoraciones y días de festejo. Algunos son más significativos que otros y están grabados en la identidad de una cultura. Por ejemplo, cada 4 de julio, en los Estados Unidos de América, la sociedad celebra de gran manera el nacimiento de su nación.

  Somos buenos celebrando de manera colectiva, pero ¿celebras los hitos significativos personales y espirituales? ¿Recuerdas cuando entregaste tu vida a Cristo y recibiste la salvación? Otros quizá recuerden cuando participaron por primera vez de la santa cena o fueron bautizados con el Espíritu Santo. ¿Podríamos ser mejores al conmemorar la fidelidad de Dios y los milagros que ha obrado en nuestra vida?

  Si no es así, no deberíamos sentirnos condenados, sino convencidos y motivados, ya que el pueblo de Israel también necesitaba que se le recordara la obra de Dios en su vida. Dios dio al pueblo de Israel instrucciones para recordar y conmemorar su fidelidad mientras el pueblo viajaba hacia la tierra prometida.

  El pueblo de Israel había llegado por fin al borde de la tierra prometida. Esto era significativo y Dios no quería que ellos o sus futuras generaciones jamás lo olvidaran. Él había abierto las aguas para que el pueblo cruzara por tierra seca y al mirar hacia atrás, el río volvía a fluir.

  " El pueblo cruzó el Jordán el día diez del mes primero, y acampó en Gilgal, en el extremo oriental de Jérico. Allí en Gilgal, Josué levantó las doce piedras que habían tomado del Jordán. " (Josué 4:19-20).

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