Seamos más conscientes de los milagros de Cristo

   MIlagros, señales y prodigios. Cada vez que nosotros o alguien a quien amamos los experimenta en su vida, nos parecen asombrosos y completamente abrumadores para nuestra sensibilidad natural. Dios se mueve poderosamente sobre la tierra y libera sus recursos celestiales como un acto de bondad, como si lo que hiciera fuera normal. No hay nada "sobrenatural" para Dios; es completamente natural para él y absolutamente asombroso para nosotros.

 A nuestros ojos, los milagros por naturaleza son inusuales; para Dios, son inherentes a quien es él. Cada milagro está diseñado para mostrar su gloria y para revelar un aspecto de su naturaleza que no vemos todos los días. 

  En el pasaje de hoy, leemos un milagro notable e inusual, tal vez incluso subestimado, que ocurre en el día de reposo. Dios envió el maná del cielo y le dio al pueblo lo que necesitaba. Más adelante en el versículo 22, leemos que al sexto día, cuando el pueblo volvía de sus rutinas y rituales acostumbrados, habían recogido el doble de comida. Sin embargo, no trabajaron para recoger este alimento celestial; cayó el doble, pero no hicieron un doble trabajo para recogerlo.

 " Al caer la tarde, una nube de codornices vino y cubrió el campamento; y por la mañana el campamento estaba rodeado de rocío. Pero cuando el rocío dejó de caer, sobre la superficie del desierto podía verse una cosa menuda y redonda, tan menuda que parecía escarcha sobre el suelo." (Éxodo 16:13-14).

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