Sean pacientes unos con otros
Vivimos en la era de lo inmediato. Si una app tarda tres segundos en cargar, ya nos molesta. Si alguien camina más lento que nosotros, sentimos que nos atrasan. Todo a nuestro alrededor grita: "¡Ahora o nunca!" Pero el amor... nunca grita sino que espera.
La paciencia, en nuestra cultura, ha pasado de virtud a rareza. En un mundo donde todo se mide en velocidad, pareciera que esperar es perder. Pero Pablo nos recuerda que, como escogidos de Dios, estamos llamados a algo distinto: a vestirnos de paciencia como quien se pone una prenda cada mañana. Es una decisión, no una emoción. Es una forma de tratar al otro con el mismo cuidado con el que Dios nos trató a nosotros.
Y no se trata de una paciencia pasiva que soporta con los dientes apretados, sino de una que ama incluso cuando cuesta. El verbo que Pablo usa "tolerarse mutuamente" suena fuerte, pero es profundamente cristiano. Tolerarse no es resignarse al otro; es decidir no rendirse con él. Es estar ahí, incluso cuando el otro no lo merece. Porque tú tampoco lo merecías... y Dios no se rindió contigo.
" Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Sean mutuamente tolerantes. Si alguno tiene una queja contra otro, perdónense de la misma manera que Cristo los perdonó. Y sobre todo, revístanse de amor, que es el vínculo perfecto." (Colosenses 3:12-14).
Comentarios
Publicar un comentario