Dios justo

   Una de las características de Dios es la justicia, inherente a su naturaleza divina. Él supera cualquier concepto humano de justicia porque no es influido por parcialidades ni opresiones. Mientras nosotros podemos elegir erróneamente y casuar conflicto, Dios permanece inmutable en su justicia perfecta e imparcial. En el libro de Miqueas, capítulo 6, versículo 8, el profeta ofrece una guía crucial: vivir de manera humilde y justa ante Dios es esencial para la verdadera piedad. Esta instrucción describe la vida de un auténtico seguidor de Dios, alineado con la rectitud y la justicia divina.

   El salmo de hoy, no solo se enfoca en la justicia de Dios, sino que se transforma en una melodía de adoración que nace de lo más profundo del alma de  su autor. Este salmo evidencia una verdad primordial: lo que cautiva nuestra imaginación y nuestros pensamientos más profundos, es aquello que veneramos y adoramos. Mediante la adoración, somos transformados desde lo más profundo de nuestro ser.

  El salmista no sólo utiliza la razón, sino también su memoria para reavivar y profundizar su percepción de Dios. Él proclama en el versículo 6: "Es el creador del cielo y de la tierra", destacando el poder omnipotente de Dios. En el versículo 7, resalta también la preocupación divina por la justicia y en el versículo 8 el deseo de Dios para dar vista a los ciegos, sostener a los agobiados y amar a los justos. Para ser personas de justicia, debe ocurrir una transformación en lo más profundo de nuestro corazón, y este cambio radical solo sucede cuando entramos en la presencia de Dios y obedecemos su palabra.

  "Alaba, alma mía, al Señor. Mientras yo viva, alabaré al Señor; todos los días de mi vida le cantaré salmos." (Salmo 146:1-2).

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