Dios me conoce
Pronto llegará la temporada navideña y la búsqueda por la mejor decoración y el pesebre ha comenzado. En algunos países las familias acostumbran a decorar su casa con un árbol de navidad natural, y la tradición es que las famlias y amigos vayan juntos en busca del suyo. Miden el árbol, deciden y negocian el precio. Es vital que el árbol no sea demasiado grande para tener el espacio suficiente de adornos. Existen algunas peculiaridades con respecto al árbol, por ejemplo, el aroma no debe ser muy fuerte y, desde luego, el árbol no debe estar seco. Existen diferentes tipos entre los más conocidos, el pino y el abeto. Cada familia tiene sus preferencias, pero, a fin de cuentas, el propósito es el mismo. Todos quieren tener el árbol y la decoración perfecta en su casa.
Las familias experimentan varias emociones en este proceso de búsqueda, desde que entregan el dinero, lo transportan a la casa, buscan el mejor lugar e inclusive lidian con que el árbol encaje perfectamente con el soporte. Pero existe una temida inclinación del árbol, así que alguien de la familia se arrastra frenéticamente bajo el árbol y ajusta los tornillos. Pero descubre que es inútil y tiene que ir al garaje, tomar una sierra y cortar el árbol.
Muchos de nosotros nos identificamos con esta situación, pero no somos los únicos que hemos tenido que lidiar con este tipo de circunstancias. Nuestro Padre celestial tiene que lidiar, frecuentemente, con nuestras inclinaciones, curvas y anomalías poco atractivas. Ninguno de nosotros puede mantenerse erguido por sí mismo. Nos torcemos o inclinamos en nuestros comportamientos y patrones de pensamiento.
Aquello que hacemos con los árboles de Navidad, Dios también lo hace con nosotros. Él nos levanta, tiene un lugar en mente donde quiere ubicar sus árboles.
" Todavía no tengo las palabras en la lengua, ¡y tú, Señor, ya sabes lo que estoy por decir! Tu presencia me envuelve por completo; la palma de tu mano reposa sobre mí. Saber esto rebasa mi entendimiento; ¡es tan sublime que no alcanzo a comprenderlo!" (Salmo 139:4-6).
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