El Dios que está con nosotros

  ¡Feliz Navidad! No importa cómo celebres este día tan especial, hoy es un momento para detenernos, adorar y quedarnos maravillados ante al asombro de Cristo y su encarnación.

  Como hemos visto esta semana, la cercanía de Dios en Jesús es simplemente inigualable. Nosotros, criaturas finitas, caídas, rotas, no teníamos derecho alguno de que él descendiera tan bajo, que se acercara con tal ternura, que viniera a rescatarnos... y sin embargo, lo hizo. No por obligación. No por deber. Lo hizo movido por amor. Ese es el mensaje eterno de la Navidad: nuestro Dios no está distante, sino cercano; no es indiferente, sino íntimo; no es impersonal, sino rebosante de misericordia. En el nacimiento de Jesús, Dios abre su corazón y lo proclama con voz clara: "Deseo estar con ustedes." 

  Este es el latido que atraviesa todo el evangelio según Mateo. En el pasaje de hoy, el ángel del Señor anuncia a José el nombre que resume toda la encarnación: " Emanuel", que significa "Dios con nosotros."  Ahora, escúchalo también al final del mismo evangelio, cuando Jesús, resucitado y glorioso, declara: " Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo." ¿Lo ves? La historia comienza y termina con la misma gloriosa verdad: Jesús, el Dios que está con nosotros.

  Mateo no quiere que pensemos que esta cercanía divina fue apenas un breve suspiro de 33 años en la historia. No. No es solo el Dios que estuvo con nosotros. Es el Dios que está con nosotros. Y lo estará, eternamente. Su encarnación fue la primera nota de una sintonía que resonará por siempre: el Dios Altísmo decidió habitar entre los hombres ... y jamás se ha ido. 

  "María tendrá un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor dijo por medio del profeta: Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Emanuel, que significa: Dios está con nosotros." (Mateo 1:21-23).

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