El Señor rechaza a Saúl como rey
A Dios le importan nuestros sueños y tal como dice su palabra, él ha venido a darnos una vida abundante y plena. Aunque ominipotente, Dios no nos diseñó como máquinas predeterminadas para seguirlo sin cuestionamientos. Él nos otorga a cada uno de nosotros la capacidad de elección, es decir, la libertad para decidir si caminamos de su mano o no. Sin embargo, nuestra naturaleza humana a menudo nos lleva a elegir un camino egoísta, alejándonos de la autoridad de Dios. Al hacerlo, nos privamos de las grandes bendiciones que él tiene reservadas para nosotros.
La vida del rey Saúl es un ejemplo de esto. Dios ungió a Saúl para ser el primer rey de Israel, dándole instrucciones claras a seguir. Sin embargo, a pesar de estas consciente de esto, Saúl eligió seguir su propio camino. En algunas ocasiones, su pecado fue notorio, como cuando trató de asesinar a David por celos. En otros momentos, su rebeldía era más sutil. Por ejemplo, desobedeció la orden de Dios de aniquilar completamente a los amalecitas y su ganado, perdonando a los mejores, y se justificó al decir que su intención era sacrificarlos al Señor.
La elección de Saúl tuvo un precio devastador. Le costó el trono y, eventualmente, lo condujo a su ruina. Saúl eligió el camino que pensó que era mejor, pero como la historia lo demuestra, el resultado final fue desastroso. De su vida aprendemos una lección vital: la obediencia parcial es, en esencia, desobediencia. Cualquier desobediencia, sin importar su gravedad, se convierte en rebeldía y, por ende, en pecado.
" Samuel le contestó: ¿Y crees que el Señor le gustan tus holocaustos y ofrendas más que la obediencia a sus palabras? Entiende que obedecer al Señor es mejor que ofrecerle sacrificios, y que escucharlo con atención es mejor que ofrecerle la grasa de los carneros. Ser rebelde es lo mismo que practicar la adivinación, y ser obstinado es lo mismo que ser idólatra. Puesto que tú no tomaste en cuenta lo que el Señor te ordenó, tampoco él te toma en cuenta como rey de Israel." (1 Samuel 15:22-23).
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