La espera terminó: El cántico de Simeón
Todos sentimos una mezcla de emoción y expectativa cuando se acerca la Navidad. Planeamos, soñamos y nos preparamos para algo grandioso. Pero, quizás lo que realmente anhela nuestro corazón no está bajo el árbol, sino en un humilde pesebre.
Así como nosotros contamos los días para que llegue la Navidad, Simeón pasó toda su vida en espera de un día en particular. Él era un hombre devoto, lleno de esperanza en la promesa del Mesías. El Espíritu Santo le había dado una promesa: vería al Salvador antes de morir.
Un día, en medio de una multitud, Simeón se encontró cara a cara con Jesús. Sosteniéndolo en sus brazos, pues Jesús aún era un bebé, no pudo evitar proclamar la fidelidad de Dios. "Porque han visto mis ojos tu salvación", exclamó.
Si te encuentras en una temporada de espera durante esta Navidad, Simeón es un claro ejemplo del plan a seguir. Cree en la fidelidad de Dios, aunque las circunstancias digan lo contrario, él es fiel para cumplir sus promesas.
Espera pacientemente en Dios porque su tiempo es perfecto. Es cierto que la paciencia es una virtud díficil de practicar, pero el tiempo de Dios siempre es mejor, y su voluntad es perfecta.
Hoy te animo a que actúes por fe. Simeón no se quedó sentado esperando a que, algún día Jesús se acercara a él. Él se levantó cada día y buscó la promesa de Dios.
" En Jerusalén vivía un hombre justo y piadoso, llamado Simeón, que esperaba la salvación de Israel. El Espíritu Santo reposaba en él y le había revelado que no moriŕia antes de ver al Ungido del Señor. " (Lucas 2:25-26).
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