La esperanza en medio de la desesperanza
En diferentes etapas de nuestra vida parecería que nuestras fuerzas no son suficientes. Es en esos momentos donde Dios quiere que nos apoyemos realmente en él. La cuesta es empinada y el camino es desafiante, pero una fuerza renovada llega cuando decidimos confiar en Dios.
En el pasaje de hoy, leemos que los israelitas estaban inseguros, llenos de miedo, aparentemente abandonados y alejados de cualquier tipo de paz, pero conocidos como el pueblo de Dios. Ellos ya no estaban en Jerusalén, sino que habían sido enviados a Babilonia, una tierra desconocida, una cultura aún más insegura y una lengua que no conocían. Su tradición, su historia y su memoria habían sido borradas al ser destruido el templo, y su identidad se había diluido.
Sin embargo, en medio de tal confusión, Dios se comunica a través de Isaías diciéndoles que serán consolados. Su peregrinaje en el exilio era un estado temporal, no una etapa permanente. El Mesías viene, la liberación está cerca.
Mientras celebramos este tiempo y nos preparamos para la llegada de nuestro rey, quizás sientas que tus circunstancias te han llevado a tu propio exilio. Los obstáculos, la oposición y las opiniones de los demás se sienten amenazadoras y temibles. Las dificultades parecen soberanas y nuestros cimientos podrían ceder, no solo por razones externas, sino también por nuestro estado interno.
" Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor; enderecen en el páramo una calzada a nuestro Dios. Que todo valle sea enaltecido; que se hunda todo monte y collado; que se enderece lo torcido y que lo áspero se allane. Se manifestará la gloria del Señor, y la humanidad entera la verá. La boca del Señor ha hablado." (Isaías 40:3-5).
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