Viviendo en el mientras tanto
Esperar nunca ha sido fácil. Para nosotros, que vivimos en la era del "todo ahora", la espera nos desespera. Pero, ¿y si la espera no fuera una interrupción, sino una invitación?
Pablo nos recuerda que incluso la creación está esperando. Todo gime, todo anhela, todo suspira. El mundo no está como debería... tú y yo tampoco. Vivimos en el "mientras tanto": después de la cruz, pero antes de la restauración. Cristo venció, sí.. pero aún no ha regresado, así que esperamos.
Y no somos los únicos. El Espíritu Santo también espera con nosotros, intercediendo, sosteniéndonos, enseñándonos a esperar como Jesús esperó: con esperanza. Este tipo de esperanza no es ingenua ni pasiva, es una esperanza que se niega a ceder al cinismo, que elige creer aun cuando no hay señales visibles y que se agarra a la promesa aun en medio del dolor.
En el pasaje de hoy, Pablo no minimiza el sufrimiento, él lo reconoce. Pero lo coloca en perspectiva: "Los sufrimientos de ahora no se comparan con la gloria que vendrá." Esta es la esperanza del creyente: que lo que viene será mucho más glorioso que lo que se ha perdido.
" Pues no tengo dudas de que las aflicciones del tiempo presente en nada se comparan con la gloria venidera que habrá de revelarse en nosotros." (Romanos 8:18).
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