De la amargura al perdón
Hoy cambiamos el veneno de la amargura por la libertad del perdón.
Pocas personas han conocido de cerca el peso del rencor como Corrie ten Boom. Relojera de oficio y devota cristiana, Corrie ten Boom y su familia ayudaron a salvar a cientos de judíos durante la ocupación nazi en los Países Bajos. Adaptaron su casa en Haarlem con una habitación secreta donde escondieron a quienes huían de la persecución y colaboraron con una red clandestina de rescate. Aunque no todos estaban escondidos en su casa, su valentía fue clave para proteger muchas vidas, pero les costó caro: fueron traicionados y encarcelados. Su padre murió poco después y Corrie fue enviada, junto con su hermana Betsie, al campo de concentración de Ravensbruck, donde Betsie murió en 1944.
Después de la guerra, Corrie viajó por el mundo predicando un mensaje que muchos no esperaban: el perdón. "Hubo un tiempo en que no podía perdonar a quienes fueron tan crueles conmigo y con mi hermana Betsie", confesó, "pero Dios me enseñó cómo hacerlo."
Este es precisamente el intercambio que Pablo nos presenta en el pasaje de hoy: "Abandonen toda amargura", y "perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo" (verśiculos 31-32).
Perdonar no es fácil. No es un sentimiento instantanéo ni una decisión ligera. Es una entrega.
" Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias, y todo tipo de maldad. En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos; así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo." (Efesios 4:31-32).
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