De la desesperación a la esperanza

   Cambiar la desesperación por la esperanza no es como encender una luz. Es más parecido a escalar una montaña con niebla: un paso firme tras otro, con más fe que visibilidad. Pero en esta subida no estamos solos. El apóstol Pablo nos entrega un mapa en Romanos 5: una ruta que nos lleva de la aflicción a la esperanza, con Cristo como guía y fundamento.

 El primer peldaño de esta ascensión es la justificación por la fe: " tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (versículo 1). Esto significa que, sin importar lo roto que esté el mundo, tú estás en paz con Aquel que sostiene todo con su palabra. Esa paz no es un sentimiento frágil, sino una realidad sellada por la cruz.

  Luego, Pablo nos muestra cómo esa paz incluso sostiene el sufrimiento. No lo niega, no lo minimiza. Pero afirma que, en Cristo, el sufrimiento puede ser redimido. No es un callejón sin salida, sino el principio de un proceso: "el sufrimiento produce perserverancia; la perserverancia, cáracter; y el cáracter, esperanza" (versículos 3-4).

  Cada etapa es una obra de gracia. Perseverar no es aguantar con los dientes apretados, sino apoyarse en Aquel que no se cansa. El carácter que se forma en ese proceso es como el oro purificado: firme, probado y auténtico. Y de ese carácter brota la esperanza que no defrauda. ¿Por qué ? Porque no se basa en nosotros, sino en el amor de Dios derramado por su Espíritu Santo (versículo 5).

 "Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien tenemos también, por la fe, acceso a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios." (Romanos 5:1-2).

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