De la distracción a la devoción
Hoy dejamos atrás el ruido de las distracciones para abrazar una vida de devoción, como la que vivían los primeros cristianos. En el pasaje de hoy, Lucas nos muestra una comunidad marcada por una entrega continua a lo que verdaderamente importa: " Se mantenían firme en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración" (versículo 42).
La palabra griega usada para describir esta firmeza, proskartereo, implica una dedicación constante, una perseverancia que no se rinde con facilidad. No se trata de una emoción pasajera ni de una temporada intensa, sino de una decisión sostenida en el tiempo: vivir para Dios con todo el corazón.
Vivimos en una época saturada de estímulos. Cada notificación compite por nuestra atención. Cada pantalla nos seduce con promesas de escape, entretenimiento o productividad. En este mar de distracciones, la devoción parece anticuada... pero es justo lo que más necesitamos.
La devoción no comienza con grandes gestos, sino con pequeños hábitos sagrados. Como mirar al cielo al despertar y decir: "Aquí estoy, Señor." Como detenerse unos minutos para orar antes de una reunión. Como abrir la Biblia antes que las redes sociales. Estos actos humildes construyen una vida anclada en Dios.
"las cuales se mantenían fieles a las enseñanzas de los apóstoles y en el mutuo compañerismo, en el partimiento del pan y en las oraciones. Al ver las muchas maravillas y señales que los apóstoles hacían, todos se llenaban de temor, y todos los que habían creído se mantenían unidos y lo compartían todo." (Hechos 2:42-44).
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