De la inseguridad a la seguridad
Hoy damos un paso decisivo: soltamos la inseguridad que nace de buscar aprobación en el mundo y abrazamos la firme seguridad de sabernos unidos a Cristo.
El apóstol Pablo, escribiendo desde la prisión, no nos ofrece un consuelo superficial, sino una verdad eterna: nuestra vida está escondida en Jesús. Por eso nos llama a un cambio de enfoque,una transformación profunda del corazón. "Pongan la mira en las cosas del cielo... no en las de la tierra" (versículos 1-2). Como también dice Romanos 12:2, no se trata de seguir los moldes de este mundo, sino de renovar la mente y vivir según la voluntad de Dios.
Pablo enmarca su llamado en dos verdades que sostienen todo el peso de nuestra identidad: hemos resucitado con Cristo y hemos muerto al mundo. Nuestra vida ya no está a merced de los vientos cambiantes de esta cultura, sino guardada, segura, estable y eterna en Cristo mismo.
Frente a un mundo inestable, muchas veces buscamos seguridad en lugares rotos: en opiniones ajenas, en logros, en la fama o en las relaciones. Pero cuanto más nos aferramos a esos apoyos frágiles, más vacíos nos sentimos.
Cristo, en cambio, nos ofrece una base firme. En él, nuestra historia rota se convierte en un testimonio redimido. En él, las piezas sueltas encuentran sentido. Tu valor no está en tu rendimiento, ni en tu apariencia, ni en tus posesiones, ni en tus aciertos: está en lo que él ya hecho en ti. Como un niño envuelto en los brazos fuertes de su padre, así estás tú en Cristo: cubierto, amado y seguro.
" Puesto que ustedes ya han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pongan la mira en las cosas del cielo, y no en las de la tierra." (Colosenses 3:1-2).
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