De la mentira a la verdad
Al comenzar este nuevo año, seguimos haciendo un intercambio sagrado: dejar atrás lo viejo y abrazar la verdad renovadora de Cristo, conforme a Romanos 12:2. Hoy, renunciamos a las mentiras que distorsionan nuestra identidad y abrazamos la verdad que Jesús declara sobre nosotros.
Hace más de un siglo, se advirtió que llegaría un tiempo en el que incluso las verdades más evidentes serían puestas en duda. Que defender lo obvio requeriría más valor que aceptar lo absurdo. En su tiempo fue una exageración; hoy suena casi profético.
Vivimos en una sociedad cada vez más alérgica a la verdad: un mundo donde el consenso sustituye a las convicciones y los sentimientos pesan más que los hechos. Las redes sociales moldean lo que percibimos, los algoritmos dirigen lo que pensamos y la verdad termina reducida a un producto que cada uno adapta a su gusto. En medio de tanto gusto, la línea entre lo real y lo aparente se desvanece lentamente.
Sin embargo, las palabras de Jesús traen luz a esa confusión: "Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos. Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres." En el Reino de Crtsto, la libertad no nace de seguir nuestros deseos, sino de someternos a la verdad encarnada. Su palabra no solo informa sino que transforma. Nos enseña a ver la vida, el mundo y a nosotros mismos desde la perspectiva de Dios. Sólo caminando en Su verdad podemos ser libres.
" Entonces Jesús dijo a los judíos que habian creído en él: Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. " (Juan 8:31-32).
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