De la preocupación a la paz

   Al comenzar este nuevo año, seguimos haciendo un intercambio sagrado: dejra atrás lo viejo y abrazar la verdad renovadora de Cristo, conforme a Romanos 12:2. Hoy, soltamos la carga de la preocupación y recibimos la paz de Cristo.

  ¿Quién o qué guarda tu corazón hoy? ¿Qué determina que entra en tu vida interior y qué se queda allí? Ser "protegido" puede sentirse como una prisión o como un refugio, según quién esté en la puerta.

  Cuando Pablo escribió a los filipenses, comprendía bien esa tensión. Estaba bajo arresto domiciliario: encadenado, vigilado y restringido. Cada uno de sus movimientos estaba controlado por soldados romanos. Filipos, además, era una ciudad "protegida": una guarnición imperial con presencia militar constante. La comunidad cristiana vivía bajo presión, supervisión y miedo.

 Pero Pablo transforma por completo esa imagen. Redefine quién es el verdadero guardián del creyente: no un soldado, ni el temor, ni el control humano. Es "la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento" la que "cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús." La palabra que Pablo emplea , phroureo, describe a un soldado que permanece firme en su puesto, vigilando una ciudad para que ningún enemigo entre. Así, Pablo nos enseña que la paz de Dios es la guardia fiel que protege tu corazón.

  " No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús." (Filipenses 4:6-7).

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