De la queja a la gratitud
Hoy contemplamos un nuevo intercambio sagrado: dejar la queja para abrazar la gratitud.
El apóstol Pablo escribe a una comunidad joven, golpeada por la persecución. Su carta no minimiza el dolor, pero los invita a levantar la mirada: "Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación" (versículos 16-18). Estas no son frases optimistas vacías; son un manifiesto de fe. Pablo nos enseña que la gratitud no nace de tener una vida fácil, sino de conocer a un Dios fiel.
La queja nace cuando creemos que merecemos algo mejor; la gratitud florece cuando reconocemos que todo es por gracia. La queja dice: "No es suficiente"; la gratitud responde: "Tú, Señor, eres suficiente." Pablo no llama a un estocismo forzado, sino a una alegría que brota del corazón habitado por Cristo. No se trata de negar el dolor, sino de redimirlo con una actitud que honra a Dios.
El pasaje de hoy también nos llama a una vida en comunidad: honrar a quienes trabajan, tener paciencia, animar, ayudar y vivir en paz. La gratitud no solo transforma nuestro interior, sino también nuestras relaciones. Una comunidad agradecida es una comunidad que florece. Sólo hay que empezar a hacerlo en nuestro corazón.
" Estén siempre gozosos. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en todo, porque está es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús. " (1 Tesalonicenses 5:16-18).
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