Del esfuerzo al descanso

   Al comenzar este nuevo año, seguimos haciendo un intercambio sagrado: dejar atrás lo viejo y abrazar la verdad renovadora de Cristo, conforme a Romanos 12:2. Hoy el intercambio es claro: soltamos el esfuerzo agotador y abrazamos el descanso que Jesús ofrece.

  Una encuesta reciente en Estados Unidos revela una tendencia inquietante: el agotamiento se ha convertido en el sello de nuestra generación. Casi la mitad de los trabajadores afirma que el "burnout" es una de las razones por las que piensa dejar su empleo, y el 84% confiesa sentirse exhausto. Nuestra cultura repite un mensaje constante: apúrate, produce más, demuestra tu valor. Pero seamos honestos: nuestras almas están cansadas. Este ritmo no es sostenible.

 Y no es un problema moderno. En los tiempos de Jesús, las personas también estaban agobiadas. Los rabinos usaban la imagen del yugo, el arnés de madera que unía a dos bueyes, como símbolo de forma de vida. Tomar el yugo de un maestro signficaba adoptar su enseñanza, su ritmo y su manera de caminar. Pero muchos líderes religiosos habían hecho ese yugo insoportable, imponiendo reglas sin ofrecer la gracia necesaria para llevarlas.

  En medio de ese peso, Jesús pronuncia una de las invitaciones más tiernas del evangelio: " Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso." A  diferencia de las exigencias culturales o religiosas, él ofrece algo radicalmente distinto: una vida unida a él. Tomar su yugo no significa añadir carga, sino caminar a su paso, con su amor y para su gloria. Ese yugo, libre de legalismo y autoexigencia, es suave, ligero y restaura el alma.

  " Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para el alma; porque mi yugo es fácil, y mi carga es liviana." (Mateo 11:28-30).

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