El diseño divino del hogar

   Entre toda la perfección del Edén, hubo algo que Dios declaró como "no bueno" : la soledad. El Creador, que es en si mismo comunión eterna, no formó al ser humano para la autosuficiencia, sino para el encuentro. Así nació la primera relación humana, no de la necesidad, sino del propósito: no como una idea cultural, sino como un diseño celestial.

   Adán no pidió compañía. Fue Dios quien vio su necesidad antes que él mismo. El hogar no nace del deseo humano, sino de la intención divina. El matrimonio, como reflejo del amor trinitario, fue el primer altar donde la vida se compartió, se sostuvo y se multiplicó.

  Pero pronto el pecado tocó lo que era sagrado. La unidad se fracturó, la confianza se quebró, y el hogar se llenó de dolor. Aun así, Dios no canceló su plan. En lugar de desechar lo dañado, prometió redención. Y su promesa comenzó en el mismo seno de la familia: que un descendiente de la mujer aplastaría al enemigo.

   Siglos después, esa ṕromesa tomó forma en una joven virgen, en una casa sencilla, en una familia común. El Salvador no descendió en gloria aislada, sino que nación en un hogar, comió en una mesa, fue abrazado por brazos humanos. Porque Dios decidió redimir a las familias desde dentro de ellas.

   Hoy, cada familia sigue siendo un campo de batalla... para también un santuario. Lugar de lucha, sí, pero también de redención. Y en medio de conflictos, el Señor sigue construyendo algo eterno: una familia espiritual donde todos los adoptados por la fe llaman a Dios "Padre." 

 ¿Cómo estás honrando ese diseño divino en tu hogar? ¿Estás cultivando un ambiente donde Cristo sea el centro? El Dios que formó a Eva, que redimió a Adán, y que nació en Nazaret... todavía edifica hogares. Y también quiere redimir el tuyo.

  " Después Dios el Señor dijo: No está bien que el hombre esté solo; le haré una ayuda a su medida." (Génesis 2:18).

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