Cuando lo poco es suficiente en manos de Dios
Jesús ve a la multitud que se acerca y sabe que tiene hambre. No es una sorpresa ni un problema fuera de control. Antes de que alguien diga una palabra, él ya conoce la necesidad. Entonces se dirige a Felipe y le hace una pregunta: " ¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?". Juan aclara algo importante: Jesús ya sabía lo que iba a hacer. La pregunta no era por falta de respuesta, sino para enseñar.
Felipe responde con honestidad. Hace cuentas y reconoce que no alcanza. Andrés también dice la verdad: lo poco que hay no es suficiente para tanta gente. Ambos miran la situación tal como es, pero se quedan allí. Ven el problema, pero no ven aún a Dios actuando en medio de él.
Jesús hace algo distinto. No pide más recursos ni busca una mejor estrategia. Primero pide que la gente se siente. En medio de la necesidad, introduce calma y orden.
Luego toma lo poco que hay, da gracias y comienza a repartir. El milagro no empieza con la multiplicación, sino con la gratitud.
Este detalle es clave. Jesús agradece antes de que el pan se multiplique. Nos enseña que confiar en Dios no depende de ver resultados, sino de reconocer quién está en control. En manos de Jesús, lo poco no es insignificante. Es suficiente para que Dios obre.
" Cuando Jesús alzo la vista y vio que una gran multitud se acercaba a él, le dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan, para que éstos coman?" (Juan 6:5).
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