La paz que triunfa en el caos

   Juan relata que los discípulos obedecieron a Jesús y subieron a la barca. No estaban huyendo ni desobedeciendo; estaban siguiendo una instrucción clara. Y aun así, la tormenta llegó. Esto nos enseña algo importante desde el inicio: obedecer a Cristo no nos libra de las dificultades, pero sí nos coloca bajo su cuidado.

    La noche cayó, el viento se levanto y el lago se volvió peligroso. Los discípulos remaban con esfuerzo, avanzando poco y cansándose mucho. Jesús no estaba con ellos en la barca y esa ausencia aparente intensificó el miedo. A veces, lo más difícil de la tormenta no es el viento, sino la sensación de que Dios está lejos.

   Pero Jesús nunca perdió de vista a los suyos.

 Cuando el caos parecía dominarlo todo, Jesús se acercó caminando sobre el agua. No calmó la tormenta primero; se reveló a sí mismo en medio de ella. Su autoridad no se muestra solo cuando las aguas están tranquilas, sino cuando él camina sobre aquello que amenaza con hundirlos.

  Los discípulos se asustaron al verlo hasta que escucharon su voz: " No tengan miedo, que soy yo." No fue una explicación larga ni una promesa futura. Fue una revelación de su presencia. Esa voz transformó todo. El caos seguía alrededor, pero la paz entró en la barca cuando reconocieron quién estaba con ellos.

  " Pero él les dijo: Yo soy; no teman. Entonces ellos gustosamente lo recibieron en la barca, y ésta llegó enseguida a la tierra adonde iban." (Juan 6:20-21). 

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