No te fíes en tus impulsos

     Si no somos cuidadosos, podemos vivir gobernados por una frase silenciosa que moldea nuestras decisiones: " si tan solo..." 

   Si tan solo tuviera estabilidad...

  Si tan solo esta etapa fuera distinta... 

  Si tan solo las cosas encajaran....

  Estos anhelos son comprensibles. Todos conocemos de la fatiga de la incertidumbre y el deseo de avanzar. Sin embargo, cuando esta lógica dirige el corazón, se convierte en un obstáculo espiritual. Nos hace creer que la confianza nacerá más adelante, cuando la realidad cambie, cuando las circunstancias se alineen.

   La Escritura nos confronta con una verdad distinta: la confianza no suele crecer en la comodidad, sino en la dependencia. Y la dependencia se aprende en el desierto.

  El desierto es ese lugar donde la vida no responde a nuestros impulsos. Donde los planes fallan, las fuerzas se agotan y las respuestas tardan. No es solo un espacio geográfico; es una experiencia espiritual. La Biblia muestra, una y otra vez, que es allí donde Dios forma a su pueblo.

 " ¡Cuidado! No vayas a olvidarte del Señor tu Dios, ni de cumplir sus mandiamentos, sus decretos y sus estatutos, que hoy te ordeno cumplir." (Deuteronomio 8:11).

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