Obedece antes de que tenga sentido

    Hay una forma de fe que solo se revela cuando dejamos de exigir explicaciones.

    Jackie Pullinger, misionera cristiana británica, ha dedicado su vida a servir a los pobres y marginados de Hong Kong. Durante décadas ha trabajado con miembros de pandillas, personas adictas y mujeres atrapadas en la prostitución. A través de una obediencia firme a Dios y del poder del Espíritu Santo, ha sido testigo de la liberación de miles de personas de la adicción y de la desesperanza. Su vida se asemeja a una parábola moderna de confianza.

    En su autobiografía Chasing the Dragon, Pullinger cuenta que, a comienzos de sus veinte, sintió que Dios le pedía simplemente que "fuera", aunque no sabía a dónde. Un mentor de confianza le aconsejó que comprara el boleto más largo que pudiera pagar, orara y confiara en que Dios le mostraría dónde debía bajarse. Con apenas diez libras en el bolsillo, se embarcó desde Inglaterra. Cuando el barco llegó a Hong Kong en 1966, sintió una convicción clara y serena en su interior: " Este es el lugar." Y bajó del barco: sola, desconocida, obediente.

   La historia de Pullinger es extraordinaria, pero no aislada. Refleja el mismo patrón que se destaca en el pasaje de hoy, donde Abraham es presentado como ejemplo de obediencia nacida por la fe: "por la fe Abraham, al ser llamado para ir... obedeció y salió sin saber a dónde iba." El autor de Hebreos identifica precisamente esa disposición, entregar el futuro sin exigir explicaciones, como una de las señales más claras de una fe auténtica. Y ese énfasis representa un desafío profundo para todos nosotros.

  " Por la fe, Abrahán obedeció cuando fue llamado, y salió sin saber a dónde iba, y se dirigió al lugar que iba a recibir como herencia." (Hebreos 11:8).

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