Renuncia a tu necesidad de control
Esta semana nos hacemos una pregunta honesta y necesaria: ¿cómo puedo confiar en Dios en medio de la incertidumbre?
Al mirar la historia cristiana en busca de respuestas, se observa un patrón claro. Los hombres y mujeres cuya fe se parecía firme, incluso en circunstancias extremas, compartían una misma postura interior: la rendición. No se trata de una resignación pasiva, sino de una entrega consciente. Confiar en Dios, descubrieron, no es añadir algo más a nuestra vida, sino soltar aquello a lo que más nos aferramos: el control.
Hudson Taylor, pionero del movimiento misionero en China, comprendió que una vida inquieta que tener su raíz en una voluntad no rendida. Para Taylor, el desasosiego del alma no nacía tanto de la dificultad, sino de la resistencia interna. Confiar en Dios comienza cuando dejamos de dirigir.
Amy Carmichael llegó a la misma convicción tras décadas de servicio en la India. Para ella, la vida entregada a Dios implicaba morir al "yo." No lo entendía como una pérdida, sino como una libertad: ella había aprendido que la vida florece cuando uno deja de ocupar el centro.
Siglos antes, Ignacio de Loyola expresó esa misma verdad en su oración "Suscipe", al ofrecer a Dios su libertad, su memoria, su entendimiento y su voluntad. No retenía nada. Porque entendió que confiar es permitir que Dios sea Dios.
" Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas. " (Proverbios 3:5-6).
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