Yo creo en Dios, Padre Todopoderoso
La primera afirmación de nuestra fe abre el camino a todo lo demás: " Creo en Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra."
Es una declaración sencilla y, sin embargo, infinita. En pocas palabras, nos sitúa en la realidad más grande que existe: nos dice quién es Dios y, a la luz de eso, quiénes somos nosotros en él. No es una frase ligera ni decorativa; es un cimiento. Como escribió A.W. Tozer: lo que pensamos acerca de Dios determina el curso de toda nuestra vida, porque de esa imagen nacen nuestras decisiones, nuestros temores y nuestra esperanza.
Vivimos en una época de espiritualidad a la carta, donde muchos toman fragmentos de aquí y de allá para construir creencias a su medida. En medio de esa confusión, necesitamos volver una y otra vez a la Escritura, donde el Dios verdadero no es mera imaginación, al contrario, es revelación. Él no es una fuerza impersonal ni una energía difusa, sino un Dios vivo, que habla, que actúa, que hace un pacto y que se deja encontrar.
Los creyentes no estamos llamados a inventar a Dios, sino a conocerlo tal como él mismo ha decidido darse a conocer.
La frase inicial del Génesis y de nuestra confesión de fe nos conduce a cuatro verdades que sostienen toda nuestra vida espiritual.
" Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas." (Génesis 1:1-2).
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