Yo creo en el Hijo: Dios con nosotros

    La encarnación no es una verdad reservada a una estación del año ni un recuerdo que evocamos solo en Navidad. Es una realidad viva, profunda y permanente, que sostiene toda nuestra fe y transforma la manera en que entendemos a Dios, al mundo y a nosotros mismos. Es por eso que , hoy volvemos al prólogo del evangelio de Juan y nos detenemos, con reverencia, ante estas palabras que  nunca se agotan: 

  " El Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros." 

Antes de hablar de lo que Jesús hizo por nosotros, la Escritura nos invita a contemplar quién es él. Juan nos presenta a Jesús como la luz verdadera que vino al mundo, la misma luz por medio de la cual todo fue creado. Y, sin embargo, esta luz fue rechazada, ignorada y no reconocida por muchos. El contraste es asombroso: el Hijo de Dios entra en su creación, pero la creación no lo recibe.

  Aquí se revela el corazón del evangelio. Dios no envió simplemente un mensaje desde el cielo. No delegó la salvación ni habló a la distancia. Vino él mismo. En Jesucristo, Dios decidió entrar plenamente en nuestra historia, asumir nuestra humanidad y caminar entre nosotros. No como espectador, sino como participante. No desde lejos, sino desde dentro.

  " Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad." (Juan 1:14).

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